Esta toxina "es en la actualidad el fármaco con mayor número de
aplicaciones médicas y estéticas", aseguró el jefe de Dermatología de
la Clínica Ruber, el doctor Ricardo Ruiz. "De hecho, más de la mitad
de los tratamientos que se realizan en España con toxina botulínica
son para indicaciones como la sudoración excesiva, migrañas,
parálisis faciales, dolores crónicos, estrabismo, contracciones
musculares, etc.", comentó el doctor Ruiz.
La toxina botulínica impide que el nervio dé la orden al músculo
que debe contraerse. Una vez inyectado, la toxina se localiza en las
terminaciones nerviosas que reducen la actividad del mismo impidiendo
la liberación de acetilcolina, un tipo de neurotransmisor que activa
la contracción del músculo.
Además, "es uno de los fármacos más seguros del mercado, y los
efectos adversos más graves producidos por una mala administración se
reducen a una debilidad muscular temporal", señaló el responsable del
servicio de Neuropediatría del Hospital La Paz de Madrid, el doctor
Ignacio Pascual.
"Este fármaco nos sorprende cada día con sus nuevas aplicaciones,
incluso se podría decir que sería eficaz para tratar cualquier
trastorno producido por contracciones musculares, como la
espasticidad, o la parálisis facial", subrayó el doctor Pascual.
Las diferentes aplicaciones de la toxina botulínica también han
llegado al campo del tratamiento del dolor, mostrándose eficaz
"contra el dolor neuropático, el miofascial, el producido por el
latigazo cervical y, según los últimos estudios, en el tratamiento
del dolor degenerativo y del aparato locomotor", explicó Susana
Moraleda, médico adjunto del Servicio de Medicina Física y
Rehabilitación del Hospital La Paz.
Asimismo, esta toxina "es actualmente el eje de la prevención y
tratamiento del envejecimiento facial, permitiendo mantener la
expresión facial al mismo tiempo que se reduce la presencia de
arrugas", comentaron los responsables del simposio, organizado por la
Fundación Ramón Areces.