"Las dietas antiinflamatorias o restrictivas tienen un papel central ya que se puede influir de forma positiva en la evolución de los procesos, disminuyen las crisis y mejora el estado nutricional del enfermo", explica José Francisco Tinao, director médico del IEB, subrayando también la importancia de los programas de detoxificación, que facilitan el trabajo del hígado y la eliminación de compuestos tóxicos.
De este modo, las fibras solubles, que se encuentran en las manzanas, las nueces y la avena, reducen los procesos inflamatorios y fortalecen el sistema inmunitario. Esta especie de fibras, además de captar agua, son capaces de disminuir y hacer más lenta la absorción de grasas y azucares de los alimentos, por lo que ayudan a regular los niveles de colesterol y de glucosa en sangre.
Igualmente, proponen que el menú antiinflamatorio se base, por un lado, en la eliminación de alimentos proinflamatorios como carnes rojas, leche de vaca, harinas refinadas, azúcares sencillos y grasas 'trans', estos últimos presentes en 'snacks' y aperitivos salados, productos precocinados, galletas, margarinas y bollería industrial.
La dieta de estos pacientes requiere en cambio aumentar el consumo de alimentos ricos en ácidos omega 3, que no se producen internamente en el organismo y se encuentran especialmente en el pescado azul y en las nueces, ya que "gracias a su aporte, mejora el rendimiento del organismo y se reduce la inflamación".
Además, en el menú han de prevalecer, según Tinao, las verduras y cereales complejos, las semillas sin tostar y las carnes blancas, preparando todo este menú bien a la plancha, al vapor o al horno.
Y es que cuando surge una crisis, con síntomas que varían desde la falta de apetito, cansancio, fiebre o dolor abdominal, "independientemente de la dieta que se siga, empiezan imparables diarreas que irritan el intestino y debilitan el sistema inmune", explica el IEB en un comunicado.
AFECTA A DIRECTIVOS O PERSONAS "BAJO PRESIN" Por otro lado, Tinao y su equipo aseguran que el papel del estrés es "incuestionable" en la evolución de ambas patologías, como demuestra que entre los afectados "a menudo se encuentran directivos o personas que generalmente trabajan bajo presión".
Esto se debe a que las situaciones de extrema tensión inciden sobre el sistema nervioso y repercuten en la función del tubo digestivo, de ahí que sea necesario utilizar técnicas mente-cuerpo para que los pacientes sean capaces de "gestionar su estrés, así como lograr que fases de descanso o el sueño sean reparadores", afirma José Francisco Tinao, director médico del IEB.
Para ello, Tinao reconoce que programas de visualización, relajación o la realización de técnicas de coherencia cardiaca, resultan muy útiles para abordar el problema "sin tener que recurrir al uso de tranquilizantes o medicamentos con efectos secundarios".
Las diarreas serosanguinolentas suelen predominar en la colitis ulcerosa, y el dolor abdominal en Crohn, pero los síntomas y signos se solapan junto a otras expresiones clínicas que pueden ser también extraintestinales. En la evolución de ambas enfermedades surgen complicaciones como perforaciones, hemorragias y obstrucciones intestinales que a menudo conducen el enfermo al quirófano y, en algunos casos, podría presentarse una desnutrición global o deficiencias de nutrientes esenciales.