El cambio constante de hogar y del facultativo que atiende a las personas mayores durante las vacaciones puede provocar un déficit en la asistencia médica que reciben, así como causarles desde ansiedad hasta depresión y una disminución en el nivel de satisfacción con la vida.

Es una advertencia de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), que critica que, ante la crisis, se está volviendo al modelo del “abuelo golondrina” que consiste en dividir el cuidado de los ancianos entre los hijos.

La SEGG estima que el 0,6 % de las personas mayores dependientes rota con frecuencia de domicilio y el 2,8 % cambia la casa de un hijo por la de otro al menos una vez al año, sobre todo en vacaciones.

Por esto, sugiere que lleven consigo un documento clínico informativo para evitar problemas como la polimedicación o la prescripción de medicamentos innecesarios.

Asimismo, la SEGG advierte de que la adaptación a nuevos espacios y horarios constantes puede dar lugar a conflictos en la familia.

Todo esto favorece además que el anciano pueda sentir una “ausencia de rol en la familia”, según advierte el José Antonio López Trigo, presidente de la SEGG.

Para ayudar a minimizar el impacto de estos cambios, López Trigo recomienda proporcionarle un espacio en la familia, darle privacidad y procurar que mantenga su “rutina, independencia y autonomía”.

Asimismo, aconsejan prologar la estancia el máximo tiempo posible en cada hogar y que entre ellos exista una buena comunicación.