Dependiendo de la época del año, se ponen de moda unas dietas u otras, todas ellas las podemos clasificar como dietas milagro, ya que tienen en común que prometen resultados sorprendentes en poco tiempo. La dieta de la alcachofa, la dieta de la piña, o la dieta disociada son algunas de ellas.

Partimos de la base de que, según los médicos y nutricionistas, estas dietas no son nada buenas para nuestra salud. Pero además, tampoco son eficaces a largo plazo.

Repasamos sus puntos:

  • La clave de estas dietas está en que son muy bajas en calorías, por lo tanto, adelgazamos seguro (y pasaremos hambre también), pero no de la forma adecuada.
  • La pérdida de peso es fundamentalmente a causa de la pérdida de líquidos y masa muscular, pero no a base de masa grasa corporal, lo cual no está mejorando nuestra salud, al contrario.
  • No enseñan a comer bien, ni a adoptar unos buenos hábitos alimentarios, ni a seguir un estilo de vida saludable.
  • Al dejar estas dietas y volver a comer de forma habitual se recupera rápidamente el peso perdido (efecto rebote o yo-yo), incluso se puede aumentar los kilos de partida.
  • Déficits nutricionales: estas dietas provocan falta de nutrientes esenciales (hidratos de carbono, proteínas, minerales, vitaminas, grasas, fibra…). Si esta situación se mantiene en el tiempo puede llegar a provocar enfermedades graves. Un solo alimento o un grupo reducido de alimentos no cubren las necesidades nutricionales de una persona. Por ese motivo la dieta debe ser variada y equilibrada.
  • Son monótonas y aburridas, por este motivo su adherencia suele ser reducida, se abandonan rápido.
  • Pueden funcionar (en términos de conseguir el “objetivo”, aunque no sea de forma saludable) a corto plato pero ninguna funciona a largo plazo. Por lo tanto, es una medida transitoria y totalmente desaconsejada.
  • Ralentizan el metabolismo, lo cual no es nada beneficioso para perder peso. Lo que se necesita es aumentarlo, para ello lo recomendado es comer varias veces al día y practicar ejercicio físico de forma habitual.
  • Por las deficiencias nutricionales provocan cansancio, decaimiento, debilidad, irritabilidad, incluso dolores de cabeza y mareos. Dependiendo de lo restrictiva que sea la dieta puede causar problemas más graves.

Es preciso no caer en la trampa, seguir una dieta mediterránea variada y equilibrada y practicar ejercicio físico de forma habitual. Son las claves para que nuestro estilo de vida nos facilite alcanzar un peso más saludable.