De hecho, Newberg recuerda un experimento en que se mostró en una pantalla palabras y caras a personas religiosas y no creyentes. El resultado fue que los creyentes eran más propensos a verlas donde los no creyentes no lo hacían. Sin embargo, cuando a los escépticos se les administró dopamina sintética, ya eran capaces de ver esas "figuras codificadas".
Por el momento, según explica el investigador, no han descubierto el modo de conectar estos resultados, por lo que, aunque es cierto que los cerebros de creyentes y no creyentes presentan diferencias, no se conoce aún lo que causa esta disparidad.
Newberg ha publicado diversos libros para estudiar la relación entre el cerebro y la actividad espiritual. Así, en su libro 'Why we believe what we believe' (Por qué creemos lo que creemos), escaneó el cerebro de personas mientras meditaban o rezaban y en 'How God Changes Your Brain' (Cómo Dios cambia nuestro cerebro'), asegura que creer en Dios es beneficioso para la salud mental, que rezar o meditar reduce el estrés, la ansiedad, la depresión, ralentiza el envejecimiento y ejercita la memoria.
Asimismo, ha publicado artículos de investigación sobre la materia como el titulado 'Religious and Mystical States: A Neuropsychological Substrate' escrito junto a Eugene D'Aquili, en el que analizan la actividad cerebral de monjes tibetanos mediante la tecnología 'single photon emission computed tomography' (SPECT) que permite ver las áreas más activas del cerebro, según el flujo sanguíneo que corre por ellas.
De esta forma, el estudio muestra que la parte frontal del cerebro --envuelta en los procesos de atención y concentración-- de los budistas estaban más activas durante la meditación, mientras que en el lóbulo parietal --relacionado con la orientación en el espacio y el tiempo-- se observaba un descenso de la actividad.
En su último libro 'Principles of Neurotheology' (Principios de la Neuroteología), Newberg intenta aproximarse de nuevo a la relación entre el cerebro y la experiencia religiosa.