En ellos, el tratamiento estándar, a base de interferón y
ribavirina, tampoco logra curar a todos los pacientes. Así, se estima
que entre un 70 y un 80 por ciento de los infectados sólo por el
virus de la hepatitis C se curan, mientras que tan sólo lo logran la
mitad de los coinfectados por este virus más el del VIH -un grupo muy
numeroso-.
Entre los factores que reducen las posibilidades de curación,
además de la coinfección con VIH, se encuentran características
individuales del paciente, como el sexo --responden mejor las mujeres
al tratamiento--, la edad --siendo los más jóvenes los que tienen
mejor pronóstico--, la raza --las personas africanas responden peor
que los caucasianos-- o las enfermedades subyacentes del hígado, que
complican el proceso.
Además, en cuanto a los factores virales, el virus de la hepatitis
C tiene seis genotipos. De ellos, se sabe que los infectados con los
genotipos 2 y 3 responden mejor al tratamiento, pero en España
prevalece el subtipo 1 del virus, que tiene una respuesta peor,
señalaron los responsables del estudio.
Sin embargo, ninguno de estos datos permite a un médico tomar una
decisión sobre la conveniencia de iniciar el tratamiento en un
paciente determinado. Siempre se intentará. Si la carga viral
disminuye, se le da una oportunidad a los fármacos, pero puede
ocurrir que se suspenda el tratamiento, por falta de resultados,
cuando el paciente lleva ya meses con él, y el enfermo habrá sufrido
un tratamiento agresivo, costoso y que tiene efectos secundarios
importantes.
Dado el dilema, un grupo de investigadores de Estados Unidos
estudiaron hace unos meses la secuencia completa del genoma humano.
Se encontró una característica en un gen --una serie de polimorfismos
en una región cercana al gen de la interleucina 28-B--, que
determinaba la curación: si un paciente tenía una de las formas del
polimorfismo, el paciente se curaba con el tratamiento.
Este estudio, realizado sobre pacientes monoinfectados con el
virus de la hepatitis C, se validó por equipos científicos de EE.UU,
Japón, Australia y Suiza, con sus poblaciones de pacientes.
Pero nunca antes se había probado su asociación con la respuesta
al tratamiento en pacientes coinfectados con el VIH, lo que hace que
este estudio sea pionero en el mundo, y que vaya a ser presentado en
el próximo CROI 2010, en San Francisco.
CONCLUSIONES En el Hospital Carlos III de Madrid, el equipo de
profesionales del servicio de enfermedades infecciosas, liderado por
el doctor Vicente Soriano, se encuentra a diario con el problema del
tratamiento de la hepatitis C a pacientes coinfectados con el VIH, la
mayoría, además, con el genotipo 1, de peor pronóstico.
Por eso, al estudiar a este grupo de población (con una muestra de
650 personas) se ha podido determinar la fuerte asociación entre la
presencia del polimorfismo antes mencionado y la curación de la
enfermedad hepática, y el hospital ha encontrado una nueva
herramienta para la toma de decisiones antes del inicio del
tratamiento.
"Si se instaurara de rutina la evaluación de este polimorfismo, de
esta característica del gen, esa información les daría a los médicos
una herramienta útil para decidir comenzar con el tratamiento o no",
explica la doctora Norma Rallón.
"Si se combina esta evaluación genética con el resto de factores
del paciente (el genotipo viral, edad, sexo, etcétera), se puede
elaborar un modelo que sirva a los médicos para prever con mayor
certeza si merece la pena someter a tratamiento a un paciente,
sabiendo que tiene más posibilidades de curarse si tiene ese
'genotipo protector'", agregó.