Viernes 18 Mayo 2012

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La alimentación tiene relación con la incidencia del cáncer de próstata en algunos países, según un experto

MADRID, (EUROPA PRESS) La alimentación también puede ser un factor de riesgo y tener relación con la incidencia de padecer un cáncer de próstata, como otros más objetivos como la edad o antecedentes familiares directos, según explicó hoy el jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, Luis ngel Rioja.

13.06.2007
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De hecho, explicó que es precisamente la alimentación lo que hace que España, junto con el resto de países mediterráneos, tenga una prevalencia baja del cáncer de próstata gracias a una dieta hipoproteica, en comparación con Estados Unidos y los países del norte de Europa donde incrementan su dieta con grasas animales y más proporción de proteínas.

A pesar de todo, Rioja destacó que cada año se diagnostican 45 casos por cada 100.000 varones y fallecen por esta causa 5.800 hombres. Esta tasa de mortalidad se explica por "los espectaculares avances" tanto en el diagnóstico precoz como en el tratamiento de este tipo de tumor y que "protagonizan cualquier reunión científica sobre Urología, dada su relevancia y lo consolidado de sus resultados".

La generalización de los programas de diagnóstico precoz, junto con la interpretación racional de la elevación del Antígeno Prostático Específico (PSA) y la mejora de la técnica de la biopsia prostática, son las claves que han permitido aumentar el porcentaje de cánceres localizados, tributarios de terapias de intención curativa, "respecto a los localmente avanzados y diseminados que diagnosticábamos hace unas década", añadió.

De entre los tratamientos disponibles para el cáncer de próstata, Rioja destacó dos de ellos que están presentes en las guías de práctica clínica de la Unión Europea y de Estados Unidos, así como en los resúmenes de la prestigiosa librería Cochrane; se trata de la goserelina y la bicalutamida.

El primero es un agonista de la hormona liberadora de la hormona luteinizante (HLHL) y representa uno de los brazos principales del tratamiento del cáncer de próstata, ya que bloquea la producción de andrógenos produciendo lo que se conoce como 'castración química'. "La goserelina, tanto en su aplicación en monoterapia como castración, como asociada a la radioterapia en estadios localmente avanzados, ha demostrado una alta eficacia", comenta Rioja.

Por su parte, la bicalutamida es el antiandrógeno no esteroideo más ampliamente utilizado y, aunque inicialmente estaba indicado para el tratamiento de la enfermedad avanzada, en combinación con la castración médica o quirúrgica, estudios posteriores han demostrado su utilidad como tratamiento adyuvante en fases precoces de la enfermedad.

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