Miércoles 8 Febrero 2012

Punto Crítico

Hasta hace poco, también se podía viajar al desierto de Mojave ...

Mejor que volvernos majaras pensando en la que se nos ha venido encima, es ponernos el mundo por montera y apuntarnos a un viaje inolvidable, dejarnos envolver, por ejemplo, por la bruma de las cataratas Victoria o Iguazú; sentirnos como faraones paseando por el valle de los reyes; jefes indios en el gran cañón; dejarnos llevar por la magia maya y azteca, por la grandiosidad de la Rusia de los zares; descubrir la belleza incomparable de nuestros paisajes o recordar Casablanca, con aquello de que siempre nos quedará París. Eso sí, los destinos hay que vivirlos, porque nadie tiene la capacidad de Julio Verne que, el tío, allá por 1865, escribió “De la tierra a al luna” y calcó lo que sería el viaje del Apolo. Dejando al margen que la nave del libro de Verne se llamaba Columbiad y que el módulo del Apolo se llamó Columbia, Verne escribió que su nave imaginaria con destino a la luna, viajaba a 40.000 kilómetros por hora; el Apolo viajó a 38,500; él dijo que el viaje de la tierra a la luna duraba 97 horas; el viaje del Apolo duró 102; 104 años antes de la llegada del hombre a la luna, Verne hizo amerizar su nave, de regreso a la tierra, en el Pacífico a solo 4 kilómetros del lugar en el que realmente amerizó el Apolo; además, hacía el seguimiento de su nave ficticia desde un enorme telescopio situado en las Montañas Rocosas y el Apolo fue seguido por el radiotelescopio Monte Palomar que coincidía con la situación y el tamaño del imaginado por el escritor francés.

02.06.2010
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Como el común de los mortales, no tenemos esa imaginación realista y futurista, lo mejor que podemos hacer es pisar los lugares con los que soñamos. Tenemos tanto dónde elegir que ni aunque viviéramos 50 vidas los podríamos patear todos, y mucho menos algunos que hay que rebuscar por lo que tienen de raros. Por ejemplo, si lo que usted quiere es huir de las aglomeraciones y busca lugares especialmente tranquilos, se puede ir a Seeland, que es una plataforma petrolífera del mar del norte que un excéntrico ha convertido en una especie de islote independiente y que cuenta solo con 5 habitantes, o a Ervings, Hibberts, Lost Springs o New Ámsterdam, todos ellos en EE UU y con un solo habitante que ostenta todos los cargos, desde alcalde a sheriff, pasando por jardinero. Hasta hace poco, también se podía viajar al desierto de Mojave y plantarse en mitad de la nada, a 15 kilómetros de la carretera más cercana y a cientos de kilómetros del primer edificio, esperando a que sonase el teléfono de una cabina de teléfonos que años después de que la civilización se despidiera de la zona, seguía operativa y que era el punto de reunión de tantas curiosos y turistas dispuestos a esperar el tiempo que fuera con tal de recibir una llamada anónima en medio de ninguna parte que, hace un par de años, y por el impacto ambiental de tanto visitante, decidieron quitarla. Claro que siempre nos quedará Uganda. Allí, otra cabina, esta vez flotante, inalámbrica y alimentada por energía solar, aparece en mitad del Lago Victoria para evitar, según la ONG que la ha instalado, que las tribus se apropien de su uso o cobren por usarla. Será por ideas y destinos….

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