Viernes 3 Septiembre 2010

Punto Crítico

...personajes que han sido determinantes a lo largo de la historia y que empezaron siendo unos fracasados.

Quienes van por ahí pregonando que son perfeccionistas deberían saber que el perfeccionismo no cotiza al alza sino todo lo contrario porque ese tipo de personas, generalmente son eternos insatisfechos, obsesivos e incluso soberbios, hasta el punto de que lo suyo está considerado un desorden mental que los expertos llaman síndrome del perfeccionista. Y es que una cosa es hacer las cosas bien, como debe ser, y otra convertirse en un pejiguero con tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo nunca totalmente acabado, que es como define la RAE a los neuras del perfeccionismo. Así que si usted es de esos que se pasan el día colocando cosas en su casa casi con un metro en la mano para que queden perfectamente alineadas, si por encima de todo quiere ser el mejor hijo, el mejor hermano o el mejor estudiante; si repasa una y otra vez su trabajo pensando que siempre se puede hacer mejor; si le entra una pataleta cada vez que mete la pata y por eso se siente un fracasado o se considera insustituible porque tiene la impresión de que nadie más que usted es capaz de sacar adelante su familia o su trabajo, ....

18.11.2009
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vaya, si es usted un perfeccionista auténticamente insoportable para usted mismo y para los que tiene alrededor, lo mejor que puede hacer es echar el freno. Hay montones de estudios de universidades tan prestigiosas como la de Yale que prueban que el perfeccionismo es un punto de partida para sufrir depresión, desórdenes alimenticios e incluso tendencias suicidas. Encima esos “don perfecto” terminan sintiéndose como una piltrafa porque según un estudio de la Universidad de Georgia, cuanto más perfeccionista es la persona más baja tiene la autoestima. Una buena terapia es recordar a todos los personajes que han sido determinantes a lo largo de la historia y que empezaron siendo unos fracasados. Dickens, Monet o Isadora Duncan eran unos estudiantes calamitosos. Rockefeller que llegó a ser el hombre más rico del mundo mundial, Anderson el de los cuentos y Leonardo da Vinci tenían lo que los entendidos llaman problemas de aprendizaje y la gente corriente decimos que eran duros de mollera. Lincoln empezó la batalla del Halcón Negro como capitán y la terminó degradado como soldado raso. A Walt Disney lo despidieron de un periódico porque el director consideraba que no era capaz de aportar ni una sola buena idea y a Edison, su maestro lo echó del colegio porque lo consideraba demasiado estúpido para aprender. Cuando después de más de 3.000 intentos, Edison, inventó la lámpara incandescente, o sea la abuela de la bombilla, un periodista listillo y aguafiestas le preguntó cómo se sentía después de tantos fracasos, a lo que él respondió que no había fracasado ni una sola vez, sino que había descubierto 3.000 formas de no volver a equivocarse. Vaya que perfeccionista hasta cierto punto y sin aspavientos por haber fallado 3.000 veces. Casi igual que el General MacArthur que, acostumbrado a ganar, cuando estaba perdiendo Filipinas para no reconocer la derrota, aseguraba que no se estaban retirando, sino que estaban avanzando en otra dirección.

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