Miércoles 8 Febrero 2012

Punto Crítico

...si todavía hay quién los cree, debe ser que sarna con gusto, no pica.

Siempre habíamos pensado que eso de que el dinero no hace la felicidad era mentira, pero va a ser que no, porque han hecho una encuesta mundial y resulta que los países que la gente más feliz está en México donde el 50 pro ciento de la gente es pobre; Filipinas donde 4 de cada 10 ciudadanos son pobres y Argentina, que tiene 8 millones de pobres. En Europa dicen que los rumanos y los españoles somos más felices que regalices y en Rumanía tienen un 26 por ciento de pobreza y nosotros casi 9 millones de pobres. Bien es verdad que teniendo en cuenta que la encuesta la ha hecho la Coca Cola, a lo mejor es que no les han preguntado a los que no pueden pagarse ni un refresco o que los encuestados, como ocurre casi siempre, mienten más que hablan, porque aquí miente hasta el Tato. Según investigadores de la Universidad de California, cada persona dice una media de 42 mentiras gordas a la semana. Desde el Reino Unido afinan más y aseguran que, cada día contamos 2 mentiras gordas, 4 ó 5 embustes pequeños y otros 5 engaños piadosos y, por mentir, les mentimos hasta a nuestros hijos, unas 3.000 veces a lo largo de su infancia entre chorradas de que viene el coco a que si te portas mal los reyes no te van a dejar regalos, hasta eso de que si dice mentiras le crecerá la nariz.

13.05.2010
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Lo malo es que el 27 por ciento de los mentirosos se van de rositas porque no los pillamos y otro 20 por ciento, aún pillándolos nos hacemos los suecos y les pasamos por alto la mentira. Así nos va la cosa, que nos las dan todas en el mismo carrillo. Y eso que, además de la intuición y las evidencias, hay montones de formas de saber que un tipo nos engaña. Por ejemplo, una persona zurda cuando miente, suele mirar hacia la derecha y si es diestra desvía la mirada hacia la izquierda porque es dónde tienen la parte creativa de su cerebro a la que tienen que recurrir para inventar algo. Según el FBI, si en ha habido un robo y preguntan a los sospechosos qué estaban haciendo en ese momento concreto, los que no tienen nada que ver, se muestran dubitativos y puede que ni se acuerden, pero el autor del choriceo les contará segundo a segundo todo lo que hizo en aquél momento porque habrá ensayado su mentira y su coartada. También aseguran que cuando alguien miente, se registran cambios en el riego sanguíneo de las cuerdas vocales y por eso el mentiroso habla mucho más alto, más rápido, o se come las palabras y le sale voz de pito. Utilizar palabras como honestamente, sinceramente, o créeme, sin que vengan a cuento es sinónimo de engaño, igual que lo es jurar por sus muertos, sus hijos, sus padres o por personas que no tienen nada que ver con la conversación. Además, recomiendan no perder de vista la nariz y los labios de nuestro interlocutor, porque si no es alérgico ni está resfriado y se los toca continuamente, seguro que nos suelta una trola. Eso sí, cuando algunos dicen que no van a tocar las prestaciones sociales pero congelan las pensiones, reducen sueldos, suben el IVA, se cargan la ayuda a los bebés o eliminan la retroactividad en los pagos a la dependencia, si todavía hay quién los cree, debe ser que sarna con gusto, no pica.

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