Andalucía con un trabuco

Los ingleses han convertido a su Robin Hood en un héroe famoso en todo el mundo, protagonista de novelas y grandes producciones cinematográficas y centro de varias rutas turísticas que recorren los bosques y lugares vinculados a su leyenda. En Norteamérica, las hazañas de bandidos como Billy el Niño han hecho correr tinta, y sobre todo rollos de celuloide, generando millones y millones de dólares. En España sin embargo, todavía no hemos sabido aprovechar a nuestros bandidos locales, los legendarios bandoleros andaluces, mucho más románticos y más numerosos. Hasta el momento sólo han servido como excusa para una serie de televisión basada en el Barquero de Cantillana, Curro Jiménez, y realizada con muy poco rigor histórico.

Ahora, cuando los románticos bandidos rurales se han puesto de moda en todo el mundo, es el momento de descubrir a aquellos bandoleros que, entre asaltos y amoríos, recorrieron los caminos y campos andaluces. José María “el Tempranillo”, Diego Corrientes, Juan Caballero, “el Tragabuches” o los 7 niños de Ecija, viven aún en las coplas y en sus recuerdos dispersos por toda Andalucía. No resulta difícil seguir sus pasos por campiñas y serranías, por cuevas y pueblos, por ventas y plazas de toros. Incluso por algunas playas gaditanas que siguen dedicadas al “contrabando”, pero con un cambio en el tipo de mercancías.

Las coplas populares cantan desde hace siglos las glorias de estos bandidos rurales que dedicaron sus vidas a robar al rico para dárselo al pobre. Asaltos, amoríos, enfrentamientos con las fuerzas del orden, vidas trájicas y muertes tempranas rodearon la vida de los bandoleros que recorrieron los campos andaluces en los siglos XVIII y XIX, convertidos hoy en leyendas locales.

La marginación social, la pobreza rural, las guerras y el caciquismo están en los orígenes de esta peculiar forma de vida basada en el asalto y el robo a los ricos y en un ir y venir entre la bodega y la cueva huyendo de las fuerzas del orden público -los Escopeteros de Getares y desde 1844 la Guardia Civil creada por el Duque de Ahumada.

Los bandidos rurales han existido en todas partes y en cualquier época, pero Andalucía ha sido la región que más nombres ha aportado a la historia romántica de los bandoleros, envolviéndoles en una aureola de generosidad y gallardía que muy pocas veces fue real. En Andalucía hubo bandoleros toreros, cantaores de flamenco, conquistadores de mujeres, bandidos sanguinarios y hombres de bien a los que la mala suerte y las circunstancias empujaron a los caminos. Los hay famosos y con nombre propio, como José María “el Tempranillo” o Diego Corrientes, y los hay también completamente desconocidos. Hubo entre ellos mujeres, como María Jerónima Francés, bandas tan famosas como la de los 7 niños de Ecija e incluso bandidos literarios, héroes ficticios que elevaron las cualidades románticas de estos bandoleros a la máxima expresión.

Seguir sus pasos entre las Sierras de Cádiz y Málaga y por los caminos que cruzan las campiñas de Sevilla y Córdoba puede servir de pretexto para recorrer una ruta cargada de sabor, aunque en muchos lugares apenas queden huellas reales de sus bandoleros.

Además de visitar algunos lugares de la propia Sevilla, como sus tabernas y alguna plaza pública donde eran ajusticiados los bandidos, tal vez lo mejor sea comenzar por el centro geográfico del bandolerismo, en la zona conocida como “los Santos Lugares”: los pueblos de las campiñas de la provincia de Sevilla y de su frontera con Córdoba. En Estepa, Osuna, Ecija y los pueblos de los alrededores vivieron los más famosos bandoleros de todos los tiempos. Diego Corrientes era de Osuna, José María “el Tempranillo” de Lucena, Andrés López (el Curro Jiménez de la televisión) de Cantillana, cerca de Sevilla, y Joaquín Camargo “el Vivillo” era de Estepa.

En estas tierras entre la campiña y la serranía siempre hubo bandoleros. El primero del que se tienen noticias fue un salteador de “calzadas romanas”, un tal Coracotta, natural de Estepa, que fue indultado por el mismo César cuando éste comprendió que no podría jamás darle caza. Desde entonces no ha dejado de haber bandoleros en la zona.

Estepa, situada al final de la llanura y el comienzo de la serranía, fue la cuna de Pablo de Rina, “el Pernales”, de “el Vivillo” y de Juan Caballero, el más famoso y celebrado por las coplas, que fue amnistiado y pasó sus últimos días como un respetable caballero de esta localidad. Estepa es hoy un pueblo de casas blancas, famoso por sus polvorones y mazapanes. De la época de los bandoleros mantiene la torrecita de la calle Amargura donde vivió un hombre que hizo fortuna guardando el dinero a los bandoleros. También se conservan las cuevas de las afueras del pueblo en las que se refugiaban los perseguidos y la casa de Juan Caballero, que conserva sus iniciales en la puerta. El recuerdo más sorprendente es el del camarín de la Virgen de los Bandoleros, en la iglesia del Dulce Nombre, al que acudían muchos bandidos a implorar ayuda a su patrona. La imagen lleva aún joyas muy valiosas donadas por sus devotos bandidos, como los anillos regalados por El Vivillo y por Juan Caballero que adornan sus manos.

Osuna es otra de las grandes ciudades bandoleras, con el atractivo de sus bien conservados monumentos: la colegiata del siglo XVI con los sepulcros de los Duques de Osuna, la antigua Universidad, los conventos de la Encarnaciòn y de la Concepción y la torre cartaginesa del Agua. De Osuna era el legendario Diego Corrientes, el bandido generoso que no cometió nunca un asesinato. Murió joven, a los 25 años, rodeado de su aureola de bandido noble y bueno.

En Ecija, la ciudad de las torres, nació Francisco de Huertas, un bandolero de la nobleza a cuya ejecución asistieron todas las autoridades del pueblo, incluído el obispo. Pero Ecija es famosa sobre todo por la banda de los “Siete niños de Ecija”, que en realidad fueron muchos más y la mayoría no eran de esta población, aunque la tradición popular prefirió asignarles este número cabalístico.

Desde estas campiñas sevillanas cuyos caminos asaltaban los bandoleros, la ruta nos lleva hacia las serranías, en las que les gustaba ocultarse. Desde Arcos de la Frontera hacia el Oeste se puede seguir una ruta tras sus pasos que nos conducirá por bellísimos paisajes hasta las sierras de Grazalema y Ubrique que tantas veces sirvieron de refugio a los bandidos. Este camino pasa por Bornos y por la venta en la que descansaron muchos viajeros románticos del siglo pasado. Zahara de la Sierra conoció también el paso de los bandoleros pero hoy es un tranquilo pueblo de callejuelas estrechas, rematado por su castillo en ruinas y dedicado al nuevo turismo natural. Rutas a caballo, excursiones en 4×4, senderismo o espeleología son algunas de las ofertas que se anuncian en sus calles. El entorno es uno de los más bellos de la provincia de Cádiz como se comprueba al ascender, por una carretera llena de curvas y de emocionantes vistas panorámicas, hasta el Puerto de las Palomas y de allí a Grazalema.

Dicen que Grazalema era el pueblo preferido por el Tempranillo, que eligió su iglesia para casarse. Grazalema es uno de los pueblos más famosos dentro de la ruta de los pueblos blancos y da nombre a un Parque Natural en el que crecen los abetos y pinsapos, una especie de abeto mediterráneo reliquia de la última glaciación alpina. Dentro del pinsapar se refugian azores, gavilanes, buhos reales y, en los riscos, halcones y buitres leonados. Es un verdadero microclima dentro de Andalucía, famoso por ser el lugar más lluvioso de España. Del pueblo de Grazalema pocos visitantes salen sin comprar una de sus famosas mantas o alguno de sus quesos y chacinas artesanales. También son pocos los que no se animan a hacer alguna de las excursiones que tienen el pueblo como punto de partida, como las que llevan al nacimiento del río Guadalete o a la ermita de la Garganta.

Al sur, tras pasar Ubrique, pueblo de cueros y toros, se llega a Cortes de la Frontera, ya en la provincia de Málaga, donde el bandolero Pedro Machuca y su partida tuvieron su base de operaciones. No muy lejos está Ronda, el rincón de Andalucía que mejor conserva la atmósfera romántica de los bandoleros de siglos pasados y uno de los pocos lugares que ha comenzado a rentabilizar la leyenda del bandido andaluz. Hablar de Ronda es hablar del poeta Rilke, que se alojó en el hotel Reina Victoria, y también de los viajeros ingleses de los siglos XVIII y XIX que tejieron alrededor de Ronda una aureola de leyendas románticas donde toreros y bandoleros eran protagonistas y héroes.

En Ronda hay muchas cosas que ver – no en vano han dejado su huella todas las culturas que pasaron por el sur de la península – pero hay dos visitas inexcusables: la plaza de toros y el Tajo. La Plaza de Toros de la Real Maestranza presume de ser la más antigua de España y la única con barreras de piedra. Aquí han lidiado figuras como Pedro Romero, un famoso torero del siglo XVIII cuyo arte despertaba tales pasiones que hasta los bandoleros iban a verle torear aun a riesgo de ser capturados. La segunda visita imprescindible es la del Tajo tallado por el río Guadalevín y cruzado por su famoso puente. Los guías locales dicen que en uno de los balcones de este puente se hallaba la cárcel donde estuvo preso el famoso bandolero José María “el tempranillo”. El pueblo guarda además otros monumentos de interés, como los Baños Arabes, la Casa del Gigante, los palacios de Salvatierra y del Rey Moro, la Iglesia de Santa María y el arco de Felipe II.

Este pueblo malagueño cuenta además con el Museo Histórico Popular del Bandolero, situado en pleno casco histórico monumental de Ronda, a menos de cien metros del nuevo Parador. En este museo se puede hacer un recorrido real por los documentos, datos personales y sucesos de los bandoleros. Curiosamente, el museo ya es parte de una Ruta de Bandoleros en Europa que pone al “Pernales” a la altura de Robin Hood y abre la posibilidad de que un día podamos vender tan bien sus aventuras como lo ha hecho el héroe británico.

En los alrededores de Ronda, en el límite de las provincias de Málaga y Cádiz, hay otros muchos pueblos ligados al mundo de los bandoleros. Saliendo de Ronda hacia el norte, por una pequeña carretera que lleva a Alcalá del Valle, tras el cruce de Setenil, se llega a Torre Alhaquime, un pueblo adosado a sus antiguas murallas. En unas cuadras situadas sobre una de las torres defensivas vivió José María el tempranillo, o al menos así lo aseguran los habitantes del lugar. En el cercano pueblo de El Gastor no tienen un héroe-bandolero, sino una heroína: María Jerónima Francés, una “buena” mujer cuyas correrías llegaron a ser famosas por toda la sierra. El pueblo ha llegado a comprar la casa donde residió para instalar un museo de artes populares. En Olvera, otro de los pueblos de esta comarca, en la carretera hacia Antequera, se puede hacer una pausa. Aunque presume de su castillo árabe del siglo XII, los visitantes suelen pararse sobre todo por sus tascas, de las que salen los irresistibles olores de guisos caseros y de buenas morcillas, chorizos y cañas de lomo.

Hacia el oeste de Ronda, se encuentra otra de las zonas frecuentadas por los bandoleros. Es la de Antequera, Alora y la Sierra de Alcaparin, con el famoso Tajo del Grajo. En Alameda, una pequeña localidad al norte de Antequera, reposan los restos del más famoso bandolero andaluz: José María “el Tempranillo”, prototipo del bandido romántico que galopaba con toda su cuadrilla por la Baja Andalucía. Murió en 1833 a los 28 años, tan sólo un año después de que el rey le indultara y le nombrara comandante de un cuerpo de tropas creado precisamente para erradicar el bandolerismo.

Antequera, uno de los escenarios habituales de éste y de otros famosos bandoleros, es la más interesante de las localidades de la zona, con su famoso Torcal a unos 6 kilómetros del pueblo. Es el fenómeno cartstico más importante de la península. Sus treinta kilómetros de formaciones calizas parecen una montaña en ruinas, un verdadero laberinto en el que la imaginación descubre formas de animales, castillos o figuras insólitas. También quedan por allí cuevas como la de Viera, Romeral o Menga, que sirvieron de refugio a los salteadores de todas las épocas. Y si aún quedan ganas de andar por los cerros, es casi obligado acercarse al famoso dólmen y sus quince monolitos, con más de 4000 años de antigüedad.

Nuestra ruta en pos de los bandidos románticos tiene que pasar irremediablemente por la Axarquía, otro de los grandes focos del bandolerismo andaluz, con lugares como la Centa del Trabuco, con claras referencias a rufianes y migueletes. Allí, a 35 kilómetros de Vélez Málaga, el caminante se encuentra con la Venta Alfarnate. Lo mejor, si se quiere tener una experiencia inolvidable, es elegir una noche de luna llena y llegar tras el anochecer, después de subir y bajar sin piedad por las empinadas laderas de la Serranía de Málaga. Unos faroles señalan los extremos de la venta y sus blancas paredes dibujan un conjunto casi fantasmagórico, envuelto en el miedo y el romanticismo que debieron encontrar también los caminantes de otras épocas. Es probablemente la Venta más antigua de Andalucía y no sólo se mantienen en pie, sino que es un verdadero templo gastronómico, con sus migas, su lomo en manteca, su morcilla y sobre todo, sus huevos a lo bestia. Y aún más interesante que su comida es su historia. Allí dicen que pararon S.M. Don Alfonso XIII y San José de Calasanz, aunque sin duda quienes dieron sabor y fama al local fueron los arrieros, estraperlistas y bandoleros. Sus dueños cuentan que allí estuvo preso el mismísimo Luis Candelas, el famoso bandido madrileño, y que José María “el Tempranillo” antes de convertirse en un “vigilante de la ley y el orden” hizo comerse a unos comensales sus cucharas de palo por su falta de hospitalidad.

En la misma zona se pueden visitar pueblos como Archidona, cargados de leyendas, pero sobre todo El Borge, más al sur, en plena sierra de Málaga, donde el bandolerismo vuelve a convertirse en protagonista. Este pueblo está enclavado en un paraje de difícil acceso, atravesado por el río Borge, que obliga a sus casas a adaptarse alas laderas del valle. Las calles son empinadas, con grandes escalones que intentan salvar los desniveles. En el mismo pueblo y en los caseríos de alrededor se pueden ver los secaderos de las famosas uvas pasas que son la principal producción de El Borge.

El personaje más famoso del pueblo es “el Bizco del Borge”, un bandolero del siglo XIX que se hizo famoso en la zona por su carácter terriblemente sanguinario. No fue el único bandolero del pueblo, aunque sí el peor. Hubo otros, como “el Chirrina” que también hicieron de las suyas por los caminos pero dedicaron el fruto de sus asaltos a ayudar a los más necesitados.

Por todos estos caminos y por otros muchos senderos, vericuetos, valles y gargantas anduvieron estos héroes de la tradición popular andaluza, de asalto en asalto, de amor en amor y de cueva en cueva. Fueron inspiración de poetas, de novelistas y de pintores y hoy sirven de pretexto e hilo conductor para un romántico paseo por la leyenda y por algunos de los parajes más bellos de la geografía andaluza.

GUÍA PRACTICA

ESTEPA

Es la cuna de los más famosos bandoleros de todos los tiempos, desde el romano Corracotta, el primer bandido célebre, hasta el Pernales, El Vivillo y Juan Caballero. El recuerdo vivo de estos ilustres paisanos se mantiene en la casa de Juan Caballero o en el camarín de la Virgen de los Remedios, llamada “la de los bandoleros”, de la que éstos eran muy devotos. Aún conserva las joyas que éstos le regalaron. Imprescindible comprar los famosos polvorones y mantecados en las confiterías del pueblo o en las fábricas que están junto a la carretera. Para comer, son famosos el salmorejo y el cocido casero, sobre todo en el restaurante balcón de Andalucía.

ECIJA

La ciudad de las torres (once se pueden contar todavía). Aquí vivió la cuadrilla de bandoleros más famosa de la campiña andaluza, los famosos Niños de Ecija, que no fueron siete sino muchos más. Se pueden visitar sus palacios de Alcántara, Benamejí, Peñaflor y Vallehermoso. De sus once torres la más bonita es la de San Juan.
Para dormir, el Hotel Platería (tlf: 483 50 10) en una casa típica decorada elegantemente. Para comer, lo más recomendable es pedir espinacas labradas y cazuela de espárragos en alguno de sus muchos restaurantes.

OSUNA

Patria de Diego Corrientes, el bandido bueno que no cometió nni un sólo asesinato y que murió traicionado por uno de los suyos a los 25 años. Merece visitarse el palacio de los Condes de Cepeda, la Torre del Agua, varias iglesias y conventos y su antigua universidad.

CANTILLANA

Pueblo que dió lugar al mito del barquero de Cantillana, prototipo del bandido bueno, en el que se basóla serie de Curro Jiménez. En realidad se llamaba Andrés López y su vida tuvo muy poco que ver con la que refleja la serie.

ARCOS DE LA FRONTERA

Es el punto de partida de la ruta de los pueblos blancos. La ruta de los bandoleros se adentra hacia la serranía que aquí comienza a alzarse hacia el sur y el este. Se pueden visitar su catedral y numerosos monumentos de interés en su casco histórico. Para los amantes de la gastronomía, lo más interesante serán los restaurantes El Convento (Maldonado, 2. Tlf: 70 23 32) en el antiguo convento de las mercedarias o Las Callejas, donde podrán tomar unos “tagarmines” o un ajo molinero. Para dormir, está el Parador Nacional (Pza. del Cabildo. Tlf: 70 05 00, colgado sobre la vega del río Guadalete y con espléndidas vistas y los hoteles El Convento, con una bellísima vista sobre la vega del Arcos y el Palacio del Marqués de Torresoto (C/ Marqués de Torresoto, 4. Tlf: 70 07 17) en una antigua casa palaciega del siglo XVII.

BORNOS

Uno de los primeros pueblos blancos, antigua ciudad ibérica, con un castillo, varios palacios e iglesias de interés. Su Venta La Alegría (Ctra Jerez-Cartagena. km. 40. Tlf: 71 23 53) fue frecuentada durante el siglo pasado por bandoleros y viajeros románticos. Hoy ofrece más de un siglo de historias y leyendas en las que la realidad y la fantasía aparecen mezcladas.

ZAHARA DE LA SIERRA

Fue en otros tiempos refugio de bandoleros y partidas, aunque hoy sólo es conocida por sus numerosos encantos naturales. Es un bello pueblo blanco a los pies de un macizo rocoso precidido por los restos de un castillo nazarita.
Se puede dormir en el Hostal Marqués de Zahara (San Juan, 3. Tlf: 12 30 61). Por unas 5.000 ptas., Las condiciones son óptimas. Para comer, uno de los mejores sitios es La Venta de Pancho.

GRAZALEMA

Uno de los pueblos blancos más famosos que dá nombre a una serranía y Parque Natural. En su iglesia se casó José María “el Tempranillo”. Se puede hacer noche o pasar unos días en el Hotel Grazalema (Olivar s/n. Tlf: 13 21 87). Está a las afueras del pueblos y ofrece más de 50 habitación con una buena relación calidad/precio. Otra opción para dormir es el Hostal Casa de las Piedras (Las Piedras, 32.Tlf: 13 20 14), con un buen ambiente,cálido y acogedor. Las mejores compras son las mantas de Grazalema y cualquier objeto de cuero del cercano pueblo de Ubrique.

OLVERA

Un pueblo grande y sinuoso, sobre un pequeño monte presidido por un castillo roquero. El refrán dice: “Olvera es una calle, una iglesia y un castillo. Pero !Qué calle, qué iglesia y qué castillo!. Sus mesones y restaurantes son un buen alto en el camino. El hotel Sierra y Cal (Ntra. Sra. de los Remedios, 2. Tlf: 13 05 83) está situado en un edificio nuevo quehasabidomantener elencanto de los pueblos blancos de la zona.

TORRE ALHAQUIME

Pueblo en el que vivía María Jerónima Francés y donde se cree que todavía queda una casa que pertenecía a “el Tempranillo”, convertida en cuadra.

EL GASTOR

El ayuntamiento ha adquirido recientemente la casa donde vivía la bandolera María Jerónima para instalar un museo de artes populares. El pueblo es famoso también por un dolmen conocido como “la sepultura del gigante”.

EL BORGE

Pueblo famoso por su bandolero, “El Bizco”, conocido por su carácter sanguinario y violento. Es obligada la compra de sus uvas pasas, secadas en las terrazas de las casas.

CORTES DE LA FRONTERA

Pedro Machuca y su partida tuvieron su base de operaciones en este pueblo, en lo más intrincado de la sierra.

RONDA

Es la ciudad por excelencia de los bandoleros y los toreros, envuelta en la leyenda romántica que le otorgaron los viajeros ingleses. Es famosa también por su plaza de toros y por su tajo, salvado por un espectacular puente. Raro es el bandolero que no pasó por Ronda.
Hotel Reina Victoria (Doctor Fleming, 25. Tlf: 85 12 40)
Un hotel cargado de historia y tradición. En él se alojaron Rilke y muchos otros famosos viajeros.
Parador de Ronda (Plaza de España s/n. Tlf: 87 75 00)
El antiguo ayuntamiento ha sido transformado desde el año pasado en un parador que conjuga el ambiente clásico con el confort moderno en el corazón de la ciudad.
Hostal Royal (Virgen de la Paz. Tlf: 87 11 41)
Muy recomendable por su precio. Resulta sencillo pero perfecto para una noche en ruta.
Restaurante Pedro Romero (Virgen de la Paz, 18. Tlf: 87 11 10)
Uno de los mejores restaurantes de la ciudad, frente a la plaza de toros y con ambiente taurino.
Museo Histórico Popular del Bandolero (Armiñán, 65)
Un museo de reciente creación que reúne una colección muy interesante y romántica sobre esta figura legendaria. Trabuco, escopetas, dibujos, documentos, libros y mapas ayudan a dibujar el perfil del bandolero andaluz.

ANTEQUERA

Pueblo en uno de los caminos más frecuentados por los salteadores. Famoso por su Torcal, un paisaje cárstico insólito, por sus cuevas y sus dólmenes. Además abundan las iglesias y conventos. Son famosos sus dulces, sobre todo el bienmesabe.
Para dormir: Parador de Turismo (P García del Olmo s/n. Tlf: 84 13 12) con unas excelentes vistas sobre la llamada Peña de los Enamorados. Para comer: Casa Lozano (Pol. Industrial A-6. Tlf: 84 17 12) al lado de la gasolinera. Aunque el emplazamiento no es el ideal, la cocina es francamente buena y reconocida como una de las mejores de la zona.

ALFARNATE

Famoso lugar de paso de los bandoleros. Por la Antigua Venta de Alfarnate (Ant. Ctra Málaga-Granada. Cruce de Alfarnate, km. 513,85. Tlf: 75 92 35) han pasado muchos personajes, desde el rey Alfonso XIII, hasta Luis Candelas. Es la venta más antigua de Andalucía y un verdadero templo gastronómico. Sus migas, lomo en manteca y sus huevos a lo bestia, son auténticos manjares.