Tras los pasos de Marco Polo

La Karakorum Highway es uno de esos lugares en los que todavía es posible quedarse mudo de asombro. Las cumbres de más 7000 metros de altura vigilan amenazantes a los pocos seres humanos que se adentran por estos parajes para contemplar el impresionante panorama de una naturaleza absolutamente salvaje y fuera del control del ser humano.

Recorrer en automóvil los 1250 kilómetros que separan Kashgar a Rawalpindi, a través de las montañas más altas de la tierra es una auténtica aventura. En esta “autopista del Himalaya” te encontrarás con una de las obras más impresionantes de la ingeniería moderna, un ambicioso en proyecto que se inauguró en agosto de 1982 tras veinte años de trabajo. Fue una lucha contra la naturaleza, los torrentes
incontrolados y el frío, que costó la vida de una persona por kilómetro.

Hoy puedes recorrer esta ruta en coche, desde Kashgar y Rawalpindi, poniendo mucha atención a un camino que esquiva, atraviesa y se amolda a las más grandes cordilleras del planeta, como el Hindu Kush, el Himalaya, el Pamir y el Karakorum.

Las condiciones son duras, y tendrás que tener un poco de pericia al volante, pero merece la pena. Conducir por la KKH no tiene nada que ver con el resto de las carreteras del mundo. La velocidad media puede ser de unos 40 kms por hora, detalle que conviene saber para calcular bien las etapas. En cuanto a la gasolina, conviene llevar de reserva. Prepara bien tu vehículo para cualquier imprevisto y lleva ropa de abrigo y aislante, comida y agua puesto que los percances pueden suponer paradas de horas o días.

Dado que Pakistán es un país musulman, deberás tener bastante cuidado con el alcohol. Si llevas alguna botella procura tenerla fuera de la vista. Podemos tener muchos problemas en los controles de la policía, que son muy numerosos.

La KKH, como se conoce familiarmente a la Karakorum Highway, parte de la zona de Kara Kul, en China, y desciende por el río Ghez hasta el paso de Khunjerab que hace de frontera entre China y Pakistán. Lo más llamativo de
este camino son las dos fortalezas Baltit y Altit, que no están muy bien conservadas pero merecen la pena. Pero sin duda la zona más conocida de la KKH, es el Valle de Hunza, con sus melocotones secos y sus prendas de lana, de arcaicos diseños pero inigualables como prenda de abrigo aislante.

El siguiente alto en el camino podrás hacerlo en Gilgit, un buen punto de partida para acercarte a las zonas de Chitral o el Baltistan. A lo largo de todo el camino encontrarás una especie de carretera fantasma, en la que a veces te puedes quedar detenido por la lluvia o el frío, por la nieve o por las avalanchas de piedras y barro. Ármate de paciencia y con mucha prudencia para disfrutar tranquilamente de la aventura de la KKH, sobre todo en los 400 kilómetros de territorio chino.

En la KKH, no encontrarás nada de dimensiones humanas, ni siquiera el riesgo ni por supuesto la belleza. Sólo aquí podrás ver cómo un glaciar llega a romper una carretera, como los de Batura, Gulmit o Gulkin, cerca de Passu, que obligan a desdoblar el pavimento dada la frecuencia con que la carretera se ve engullida por el hielo. Pero también encontrarás rincones de belleza serena y tranquila, a los pies de estas cumbres de 8.000 metros, como los míticos Rakaposhi, Diran Peak o Ultar Peakit, entre bosques y arroyos y rodeados de rebaños de cabras y ovejas, o en pueblos sencillos rodeados de huertos, como los del Valle de Hunza.

Los pueblos de esta ruta permanecen casi como entonces pero si profundizas un poco verás algunos cambios, como los de la fundación ismaelita del Aga Khan que ha puesto en marcha numerosos programas de formación y desarrollo agrícola en la zona, y en la mejora de los niveles sanitarios y educativos en los últimos diez años.

También verás algunos hotelitos aunque tal vez te resulten más confortables las tiendas de lana y piel instaladas a la orilla del lago Karakul donde tal vez los últimos nómadas de las llanuras de Xiang te ofrezcan sus deliciosos guisos de carne de yak, más sabrosos que los restaurantes de Abbotabbad, un enclave turístico ya cercano a Islamabad.

Al final de la ruta, está Islamabad, la capital de Pakistán. Islamabad es una capital joven. Su construcción comenzó en 1961. En realidad forma junto con la antigua capital, Rawalpindi una sola conurbación, con líneas de autobuses que las comunican permannentemente. Frente a la nueva capital, más cara y también más aburrida, Rawalpindi presenta un aire más animado en sus bazares y populosas calles con trazas coloniales y resulta sensiblemente más barata.

Desde esta capital, de aire más internacional, casi nos parece mentira el paisaje que hemos dejado atrás, esos parajes en los que habrás podido comprobar la insignificancia del hombre frente a la naturaleza en una de las zonas más grandiosas de la tierra.

PARADA OBLIGADAS PARA UN VIAJERO…

KASHGAR. Lo más interesante es su mercado de los domingos, su mezquita y la parte vieja de la ciudad. El hotel más recomendable es el Seman, que era el antiguo consulado ruso y si quierea algo todavía más barato, el Chini Bagh Hotel.

PASSU. Ya en territorio pakistaní es casi obligado hacer una excursión a los glaciares de Passu. Si paras a dormir aquí, encontrarás dos hoteles: el Batura Inn y el Passu Inn.

KARIMABAD. Uno los pueblos más atractivos de la ruta, con los castillos de Altit y Baltit. Existe un maravilloso motel del gobierno. Además son muy recomendables el Karakoram Hotel y el Yadgar Hotel.

GILGIT. Si es posible, asiste a uno de sus partidos de polo. El mejor hotel de la zona es el Park Hotel, aunque los mochileros y aventureros se esconden en el Mt. Balore Hotel.

ABBOTTABAD. Es una ciudad de descanso para los que viven en Rawalpindi, con el auténtico ambiente del Pakistán rural. Encontrarás una amplia oferta de hoteles y casas con habitaciones. Entre los mejores, The Mountain View y el
Hotel Kohisar.

RAWALPINDI. No te pierdas el Rajah Bazaar, y la mezquita de Shah Faisal, una grandiosa construcción de marmol.Después de tanto días en la carretera, date un lujo y alójate en el hotel Pearl Continental o en el Flashman’s Hotel. Nos lo tenemos merecido.