Periplo por la campiña segoviana

Es fin de semana. Éxodo desde Madrid. Son muchos los que en busca de aire puro, naturaleza, arte y, por qué no, un buen cordero asado emprenden la ruta por la sierra segoviana.

Opciones hay muchas. Y como hay que empezar por una muy clásica, Riaza es una buena elección. Riaza está a 1.200 metros de altitud, por lo que en invierno es imprescindible ir bien abrigado. Su Plaza Mayor porticada es buen ejemplo de lo que la sierra segoviana ofrece arquitectónicamente.

Pero se pueden contar algunas curiosidades más sobre esta plaza. Como que en los techos de los soportales, justo encima de la puerta principal, hay un ventanuco que hacía las veces de mirilla, no se sabe si para evitar visitas inesperadas. Hasta comienzos del siglo XIX en el centro de la plaza se encontraba la picota donde encadenaban a los reos. Entre otras barbaridades, se les untaba de miel, para que fuese un buen reclamo para las moscas…

Siguiendo por la N-110 se pasa por pueblos como Prádena, o La Mata, en los que siempre es interesante parar para conocer un poco mejor la Segovia rural. Son pueblos pequeños, cada uno con su encanto y su historia, que merecen una pequeña visita, además en Prádena hay que dejar el coche si lo que se quiere es hacer una excursión por las laderas de Somosierra, o por los vecinos bosques de enebros y por el acebal más meridional de España.

La N-110 es nuestro camino. A la altura de Arcones se toma el desvío hacia Pedraza, siguiente destino en la ruta del cordero. Pedraza es uno de esos lugares que ha sabido sacarle partido a su condición de villa medieval. Enclavada en lo alto de una colina y parcialmente amurallada, está dibujada por una sucesión de callejuelas que llevan a la plaza mayor con su iglesia, su ayuntamiento y su botica. Para entrar a la Villa hay que pasar por lo que en el medievo fuera la cárcel, cuyas puertas muestran un interior de lo más interesante. Frías mazmorras, graffiti de los presos y algún que otro instrumento de persuasión. (La Cárcel se visita los sábados, domingos y festivos de 11:30 a 14:00 y de 15:30 a 19:30.)

En cada calle hay tiendas de artesanía, todas por cierto con ese gusto que las delata como tiendas destinadas a los visitantes de gran ciudad. Es fácil encontrar restaurantes y hotelitos con grandes dosis de estilo, por no hablar de las propias viviendas de los habitantes de Pedraza, muchas de las cuales son de veraneantes o para el fin de semana. Y puestos a tener, Pedraza tiene hasta un castillo que pertenece a los herederos del pintor Ignacio Zuloaga. (El museo, el patio de armas y el aljibe se pueden visitar en grupos guiados de miércoles a domingo, los días laborables visitas concertadas para grupos. Tel.: 921 509 825.)

Aunque cueste, es necesario dejar Pedraza y sus barrancos y reemprender el camino ya que aún queda mucho por descubrir. Retomando la N-110 se pasa por Matabuena, La Salceda, Sotosalbos y Torrecaballeros, todos ellos pueblos que fueron prácticamente abandonados por sus habitantes más jóvenes y que ya hace más de dos décadas comenzaron a resurgir gracias al turismo y a la restauración de las antiguas casas de pueblo en viviendas de fin de semana para gente de Madrid y Segovia capital. Hoy los precios nada tienen que ver con los de entonces.

En Sotosalbos vale la pena detenerse a ver de cerca la iglesia románica que es una de esas que siempre salen en los libros de arte como claro ejemplo del arte románico y en Torrecaballeros para degustar la buena gastronomía segoviana.

La carretera conduce hasta Segovia, visita imprescindible de esta ruta. Después de toda una tarde viendo el acueducto, la catedral, el alcázar, pequeñas iglesias y monumentos, llega la noche y es buen momento para conocer la Segovia del puchero y el tapeo. Cuando se habla de gastronomía segoviana se refiere a los asados en horno de leña, de cochinillos, tostones y cabritillos cuyo olor impregna el aire en una deliciosa mezcla a chimenea e invierno. Pero si ya se degustó ese asado a la hora de la comida, aun hay más de lo que puedan presumir las cocinas de esta zona.

No hay que olvidar los judiones de La Granja, las truchas del Eresma, la sopa castellana, el “empedrao” de Cantalejo, en pequeñas raciones se transforman en tapas otros platos que ayudan a un buen paseo por el “inclinado” urbanismo de la parte vieja de la ciudad. Las migas, o la caldereta de pastor, los moros y cristianos, sin contar todavía los embutidos, como el chorizo de Cantimpalo, la morcilla de Bernardos o las chacinas de Villacastín, la lista es interminable… De postre, imprescindible el ponche segoviano.

Saliendo de Segovia, hay que tomar la CL-603 que conduce hasta Turégano, Cantalejo, y Sebulcor. Turégano en el Km. 68 es muy conocido por su cordero y su Semana Santa pero sorprende por muchas otras cosas. Para empezar, tiene un imponente castillo que es un compendio de añadidos a lo largo de sus siglos de historia, incluida una iglesia románica en su interior. (El castillo se puede visitar los sábados de 11-14h y 16-19.30 y los domingos y festivos: 11-14h)

Su plaza mayor recuerda un poco a la de Riaza ya que es porticada y también se transforma en coso taurino. Hay que visitar la iglesia de Santiago – que conserva una pila bautismal románica–, el Palacio Episcopal y la Casa Miñano. Edificios que reflejan la importancia histórica que tuvo esta villa para Castilla.

FICHA PRÁCTICA

Hoteles

Centro de Turismo Rural del Verde al Amarillo
El río Pirón, más famoso por el bandolero tuerto que robaba a los ricos que por su caudal, se esconde entre encinas y quejigos, y en su orilla se encuentra una antigua nave para cabras transformada en hotel rural. Con una decoración moderna, “manchada” de toque neocolonial se han acondicionado once habitaciones. A un lado, los espacios comunes, al otro, los dormitorios. Verduras y guisos son el reclamo diario de un restaurante que merece una escapada en cualquier día de la semana. Los pimientos compiten con las alcachofas y los escabeches de codorniz no tienen rival.

Camino de Pinillos, s/n. Peñarrubia de Pirón.
Tlf: 921 497 502
www.delverdealamarillo.com
11 Habitaciones. Precio: 75 €

Hotel de La villa
Son pocos los que querrán salir de la habitación de este rincón mágico de la Villa de Pedraza. Todo muy romántico, coqueto. Cómo sacado de una revista de decoración. En el cuarto de baño los detalles se vuelven más intimistas y refinados, como toallas de hilo o cortinas de tela estampada. Si además le añadimos un saloncito muy agradable donde charlar o leer un buen libro y un bar donde saborear un buen vino acompañado de una ración que otra, seguro que uno se queda.

Hotel de la Villa
C/ Calzada 5. Pedraza
Tlf: 921508651
www.elhoteldelavilla.com
38 Habitaciones. Precio: desde 96€

Restaurantes

El Rancho de la Aldegüela
Esta antigua finca de esquileo es hoy un hotel, restaurante y centro de convenciones. Los comedores del restaurante tienen los elementos propios del estilo rural pero con un sabor añejo que los hace muy auténticos. Ya en la mesa uno no sabe por dónde empezar con las cosas de picar como la morcilla frita, el revuelto de setas con jamón y piñones o ya más sofisticado el carpaccio de buey y foie. El segundo está claro, cordero o cochinillo asado o una buena carne roja vuelta y vuelta en la parrilla. Lo mejor, el servicio.

Plaza del Marqués de Lozoya, 3. Torrecaballeros
Tlf: 921 401 060
www.el-rancho.com
Precio medio: 36 €

Restaurante Codex Calixtinus
Este restaurante se encuentra en una casona solariega donde la piedra se mezcla con la madera y el barro cocido para dar a los dos comedores un ambiente cálido, acogedor y señorial. La cocina es contemporánea y huye un poco de los típicos platos segovianos para ofrecer otros más personales como el lomo de ciervo, el pichón o el bacalao. La carta va cambiando según la temporada pero siempre con el mismo acierto. Para completar la carta, una bodega bien seleccionada.

Caces, 6. Cañicosa
Tel.: 921 504 206
www.codexcalixtinus.com
Precio medio: 36 €