La principal preocupación en este tipo de pacientes es la necesidad urgente de excluir la existencia de una enfermedad coronaria. Es muy común que descartada la enfermedad cardiaca el reflujo gastroesofágico y la esofagitis correspondiente sea responsable del dolor torácico no cardiaco

La principal preocupación en este tipo de pacientes es la necesidad urgente de excluir la existencia de una enfermedad coronaria. Es muy común que descartada la enfermedad cardiaca el reflujo gastroesofágico y la esofagitis correspondiente sea responsable del dolor torácico no cardiaco. Sin embargo, en los últimos años el desarrollo de técnicas manométricas de mejor calidad ha detectado más pacientes con trastornos motores. Del total de los sindromes dolorosos toráxicos de origen esofágico, se estima que un 50% son secundarios a Esofagitis y 10% a otros trastornos motores (ej. "Esófago Cascanueces"

ESOFAGO Y CORAZON

Vías neurales comunes:
El corazón y el esófago comparten vías neurales comunes para el dolor. Ambos, el plexo cardiaco y el plexo esofágico se originan del nervio vago y de los troncos simpáticos torácico. Así, el dolor torácico puede imitar aquel de origen cardiaco y el originado por otras estructuras mediastínicas. Alrededor de el 20 al 30% de los pacientes con dolor torácico que es típico de angina peptoris tienen arterias coronarias normales, y de estos el 60% tienen un trastorno esofágico. Es posible que el 50% de los pacientes con dolor torácico secundario a enfermedad coronaria también puedan tener dolor no característicos de angina.
El determinar el diagnóstico de dolor torácico se complica aún más por la coexistencia posible de enfermedad esofágica y enfermedad cardiaca. De hecho hasta el 50% de los pacientes con enfermedad coronaria por ejemplo tienen una esofagitis por reflujo clínica. Hay muchas razones por las cuales esto es así. Ambos trastornos tienen factores de riesgo comunes por ejemplo la obesidad y el cigarrillo.
El tratamiento de la angina coronaria (vasos dilatadores bloqueadores de los canales de calcio) también relaja el esfínter esofágico inferior y por lo tanto pueden predisponer para el desarrollo de una esofagitis por reflujo. Al revés, el reflujo de ácido al esófago inflamado puede aumentar el trabajo cardiaco y puede inducir angina coronaria y angor.
Pacientes con dolor torácico atípico no relacionado al esfuerzo, que tienen un riesgo mayor para enfermedad coronaria, o aquellos que tienen dolor acompañados por síntomas sugerente de enfermedad cardiaca pueden ser sometidos a un examen cardiaco no invasivo antes de ser sometidos ellos mismos a un estudio del esófago. Finalmente, algunos pacientes, en especial jóvenes que no tienen dolor torácico de esfuerzo con pirosis o disfagia pueden ser sometidos a exámenes cardiacos para descartar patologías coronarias a pesar que todo es sugerente de un dolor esofágico.
Los problemas músculo esquelético de la pared torácica también son causa común de dolor torácico y deben ser considerados precozmente. Los pacientes pueden por ejemplo tener el síndrome de Tietze el cual corresponde a un dolor originado en las uniones externo costales que reflejan una inflamación de origen artrósico de las articulaciones correspondientes. Se puede desencadenar dolor al comprimir estas articulaciones.

Comparación del dolor cardiaco con el dolor esofágico
Cuando interpretamos el dolor torácico el clínico debe considerar no solo su carácter, pero también la relación del dolor con factores desencadenante, localización e irradiación y también aquellos factores que alivian o aumentan el dolor. El dolor anginoso típico es retroesternal opresivo que se desencadena con el ejercicio y que desaparece rápidamente a los pocos minutos de hacer reposo. Los pacientes con enfermedad coronaria podrían también experimentar dolor anginoso atípico que no se relaciona al ejercicio, y durar mucho más que el que habitualmente se relaciona con el dolor desencadenado por el ejercicio o puede aparecer en la noche.
Los pacientes con trastornos de reflujo gastroesofágico también pueden experimentar síntomas en todos similares. De hecho el dolor puede muchas veces estar relacionado incluso con el ejercicio haciendo más difícil el diagnóstico diferencial.
La pirosis sola o asociada al dolor torácico sugiere a una esofagitis por reflujo como causa del síndrome. Sin embargo, todos los pacientes con esofagitis por reflujo no tienen la pirosis clásica y el dolor asociado a otros trastornos incluido la angina coronaria puede similar a la pirosis. La odinofágia es específica para los trastornos de la mucosa esofágica que incluyen la esofagitis vírales o la candidiasis o bien la esofagitis inducida por medicamentos o sustancias químicas. Dolor cólico o esofágico generalmente indica una obstrucción aguda del esófago.
La angina clásica puede irradiarse al hombro izquierdo y al brazo, al cuello y a la mandíbula y lo mismo puede ocurrir con el dolor de origen esofágico sin embargo, en este caso nunca se irradia más abajo que el codo izquierdo.
**Los factores que agravan o alivian el dolor torácico son elementos particularmente útiles para el diagnóstico diferencial.
1. Los pacientes con dolor de origen esofágico generalmente son personas que usan crónicamente aspirinas o antinflamatorios no esteroidales, alcohol, café tabaco o comidas muy ricas en grasas.
2. Obtienen alivio de sus molestias usando antiácidos. El alivio del dolor torácico con antiácidos sugiere esofagitis por reflujo. Estas sustancias generalmente no tienen efecto en otros trastornos del esófago.
3. En contraste el alivio del dolor torácico con nitroglicerina y/u otros vasos dilatadores coronarios no es específico para angina pectoris, ya que estos agentes pueden también aliviar el dolor torácico de origen esofágico al relajar la fibra muscular lisa