La inmovilidad aguda, entendida como el episodio de declive rápido de la movilidad durante un mínimo de tres días, constituye una auténtica urgencia médica y requiere una atención inmediata, tanto por su pronóstico funcional, como por la elevada mortalidad que conlleva, un 33% de fallecimientos a los tres meses y 58% al año

El anciano inmovilizado es un paciente de alto riesgo para la aparición de complicaciones médicas, con necesidad de ayuda para casi todas las actividades básicas de la vida diaria y candidato al ingreso en una Residencia Geriátrica. 

¿ES NORMAL EN EL ENVEJECIMIENTO?

No. No podemos considerar normal e inevitable que todos los mayores con el paso de los años acaben inmovilizados.

Si es cierto que a medida que envejecemos se van produciendo una serie de cambios que van limitando la movilidad:

Discreta atrofia muscular, seguida de fibrosis, por lo que la contracción muscular es más lenta. La fuerza muscular disminuye un 15% entre los 30 y los 70 años.
Las articulaciones pierden elasticidad y capacidad de movimiento.
Disminución de la agudeza visual que produce inseguridad y torpeza en la marcha.
Alteración en los sistemas vestibulares que mantienen el equilibrio.
El centro de gravedad se desplaza hacia arriba y adelante, siendo más difícil mantener el equilibrio. 

PERO; ¿ES FRECUENTE?
 
El 18% de > de 65 años tienen problemas para moverse sin ayuda y a partir de 75 años más del 50% tienen problemas para salir de casa, de los que un 20% quedan confinados en su domicilio.

Para comprender la importancia del deterioro funcional severo que supone la inmovilización baste decir que el 50% de los ancianos que se inmovilizan de forma aguda fallecen en un plazo de 6 meses.

¿CUÁLES SON LAS CAUSAS DE LA INMOVILIDAD?

La causa principal es el encamamiento tras enfermedades agudas y sobre todo tras hospitalizaciones:

Enfermedades reumatológicas, por el dolor y la deformidad articular.
Accidente cerebrovascular (infarto o hemorragia cerebral).
Enfermedad de Parkinson.
Demencias en fases avanzadas.
Neuropatías periféricas, sobre todo en diabéticos.
Enfermedades cardiacas y respiratorias que van limitando progresivamente la resistencia al ejercicio.
Mala nutrición.
Trastornos de la marcha, Vértigo posicional, Síndrome postcaída.

Otras causas frecuentes son:

Exceso de peso.
Falta de motivación o estados depresivos.
Apoyo social insuficiente o falta de información sobre cómo debe reiniciarse la movilización y qué ayudas técnicas son necesarias.
Muchos fármacos aceleran la inmovilidad por sus efectos secundarios como la hipotensión ortostática, deterioro del nivel de conciencia o temblores al caminar.
Problemas en los pies: callosidades, trastornos de las uñas y deformidades que causan dolor y alteración de la marcha.
Muchos ancianos alargan voluntariamente las horas de sueño aumentando el riesgo de acabar encamado. 

¿POR QUÉ ES PELIGROSA LA INMOVILIDAD?

La gravedad de la inmovilización reside en las complicaciones que aparecen, incluso tras cortos periodos de encamamiento.

Atrofia muscular y de ligamentos, con fibrosis capsular y deformidad de las articulaciones, contracturas musculares dolorosas.
Agravamiento de problemas articulares ya existentes, llegando incluso a anquilosis articular, adoptándose posturas fijas, generalmente en flexión hasta llegar a la postura "fetal".
Agravamiento de la Osteoporosis
Enlentecimiento del pensamiento, desorientación y aparición de signos de demencia, depresión, miedo, agitación. Además los tratamientos habituales para estos síntomas agravan más la inmovilidad.
Bajada de la tensión arterial al levantarse, con mareo y pérdida del equilibrio, incluso caída al suelo.
Deterioro de la circulación venosa, sobre todo en las piernas, con varices, tromboflebitis, incluso tromboembolismo pulmonar.
Mala ventilación pulmonar, se acumulan secreciones bronquiales por dificultad para expulsarlas, aspiración de los alimentos a las vías respiratorias, generando infecciones frecuentes con neumonías frecuentes.
Problemas para tragar y digestiones lentas, estreñimiento, hemorroides.
Retención urinaria, infecciones y aparición de incontinencia
Úlceras por presión en las zonas donde el apoyo del cuerpo es más intenso y frecuente. 

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Lo más importante es procurar impedir el encamamiento y cuando éste es inevitable hacerlo lo más breve posible pensando siempre en los riesgos que conlleva la inmovilidad.

Pero incluso tras periodos prolongados de encamamiento puede intentarse la recuperación funcional. 

¿SE PUEDE APRENDER A CAMINAR DE NUEVO?

Claro que sí, con un programa de reentrenamiento:

1. Mientras esté en la cama:

Cambios de postura, como mínimo cada dos horas, asegurando que la postura sea correcta.
Ejercicios suaves de estiramiento y relajación muscular, ampliando gradualmente el ángulo de movimiento. Sin intentar vencer la rigidez de forma brusca ni con dolor.
Colchón flexible pero firme. Valorar la necesidad de colchones de aire, silicona, etc.
Movilización activa en la cama: girar hacia los lados, y flexionar el tronco hacia delante, ayudado por barras a los lados de la cama.
Ayudar al mayor a sentarse en el borde de la cama, con los pies apoyados en el suelo, aumentando poco a poco el tiempo que permanece en esta postura, hasta que mantenga el equilibrio sin ayuda y pueda estar sentado media hora tres veces al día. 

2. Sentado en el sillón:

Comenzando por una hora dos veces al día, ir aumentando progresivamente el tiempo que el mayor está sentado fuera de la cama.
Manteniendo una postura correcta: cuerpo erguido y cabeza recta, si es preciso con la ayuda de almohadas, y con las piernas elevadas sobre una banqueta. 

3. Ponerse de pie:

Practicando situado el paciente enfrente de un andador de aluminio que sirve de apoyo para mantener la posición. En los primeros días es normal la inestabilidad pero no se debe abandonar el ejercicio.
Aprender los desplazamientos básicos: de la cama al sillón, a la silla de ruedas, al inodoro, etc. 

4. Caminar:

Todos los días, a paso lento pero con distancias cada vez mayores, mitigando el riesgo a caer hacia atrás.
Inicialmente se puede utilizar un andador, posteriormente un bastón.
Con calzado apropiado. 

5. Mantenimiento:

Sin que se canse en exceso.
Con ejercicios respiratorios, flexión y extensión de brazos y piernas, levantarse y sentarse, dar paseos cortos varias veces al día.
Eliminar los obstáculos que existan en el domicilio y no permitan una marcha sin riesgo: escalones, alfombras, cables, mesitas bajas, iluminación adecuada.
Apoyo sociofamiliar adecuado. 

Poco a poco hemos de ir aumentando las pautas, pero con unas reglas básicas que son:
· Una fase de calentamiento con estiramientos musculares (de 3 a 5 minutos) y paseo de 5 a 10 minutos de duración.
· Ejercicios de fortalecimiento (extensores de brazos, pesos y poleas, uso de escaleras y escalones) y coordinación-equilibrio.
· Ejercicios de resistencia progresiva (saltos, carrera…).
· Terminar con un período de enfriamiento no superior a los 10 minutos, con ejercicios de estiramiento muscular y paseo ligero con velocidad decreciente.

En resumen, la actividad incluirá trabajo de flexibilidad (estiramiento), fortalecimiento y coordinación-equilibrio y en un segundo momento resistencia (capacidad aeróbica). Es más importante la continuidad en el ejercicio que la intensidad. Se recomienda iniciar el ejercicio dos o tres días a la semana hasta llegar hasta cinco, alternando la actividad física con situaciones de reposo. De igual manera el esfuerzo físico se irá intensificando de manera progresiva

¿SON BUENOS LOS BASTONES Y ANDADORES? ¿CÓMO ELEGIRLOS?

El bastón se puede utilizar en los casos de debilidad muscular de una pierna, para aliviar dolores articulares, ampliar la seguridad de la marcha si hay inestabilidad o como punto de referencia si existe mala visión.

Se diferencian según el tipo de mango y según los puntos de apoyo. La longitud debe corresponder a la altura entre el suelo y el codo, estando el mayor de pie con los brazos caídos.

En casos de debilidad muscular en ambas piernas, imposibilidad para apoyar alguna de ellas o alteración importante del equilibrio se utilizarán muletas.
Los andadores pueden utilizarse tras periodos prolongados de inmovilidad con debilidad generalizada. Pueden ser con o sin ruedas.

¿SE DEBE FORZAR LA REHABILITACIÓN SIEMPRE? 

No. Debemos cuestionar la rehabilitación si aparece disnea intensa (sensación de falta de aire), tos, sibilancias, sudoración excesiva, mareos con pérdidas de conocimiento momentáneas, fatiga que persiste más de media hora tras finalizar el ejercicio.

Está contraindicada en:

Cuando hay deterioro severo del equilibrio o debilidad muscular extrema.
Fases agudas de arritmias cardiacas.
Dolor incontrolable desencadenado por la movilización.
Falta absoluta de motivación del paciente.
Riesgo de agravamiento de alguna patología previa.
Enfermos en fase terminal.

MANTENIENDO AL MAYOR ACTIVO SOCIALMENTE: 

Es importante permitir al anciano que realice o participe todo lo que pueda en las actividades de la vida diaria y a su propio ritmo. Es frecuente que el cuidador proteja en exceso al anciano, haciendo las tareas "más rápido y mejor". Acelerando así el grado de dependencia, por ejemplo, si en lugar de ayudar al anciano a ir al baño, se le trae la cuña, a la larga se hará incontinente. 

BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD DE MUSCULACIÓN PARA LOS MAYORES DE 50 

Debido que a partir de los 45/50 años aproximadamente perdemos fuerza y tamaño muscular de manera más acelerada (esto comienza a notarse a veces a partir de los 40 años); y que estos factores están en íntima relación con el riesgo futuro de sufrir caídas; es relevante que el adulto mayor realice ejercicios para mejorar la musculatura en general y los músculos de las piernas en especial.
Muchos adultos consideran que ya están viejos para comenzar a realizar actividad física. En la tabla siguiente se aprecian los beneficios de la actividad física de fuerza o de resistencia sobre diferentes variables; aquí se comprueban los beneficios que pueden obtener según el tipo de activad realizada.

SECUENCIA Y RELACIÓN ENTRE LA PÉRDIDA DE MÚSCULO Y LAS CAÍDAS

Baja la actividad física en general.
Disminuye la fuerza.
Se atrofian (achican) los músculos, debido a una reducción en el número y tamaño de las fibras musculares.
Se agotan más rápido los músculos del tren inferior (piernas).
Se dificulta la marcha.
Sube el riesgo de caídas.
Aumente el número de lesiones (fracturas de cadera, esguinces, etc.). 

ESTADÍSTICA

El 40 % de las personas mayores de 65 años sufren 1 caída al año.
La fuerza baja aproximadamente un 15% entre los 60 a 70 años.
A partir de los 70 años baja un 30% por década.
Entre los 25 y los 65 años disminuye entre un 40% a un 65 % la velocidad máxima a la que se puede subir las escaleras. 

¿CÓMO PODEMOS DARNOS CUENTA QUE PERDEMOS MASA MUSCULAR?

La capacidad para ponerse de pie estando inicialmente sentado, empieza a costar alrededor de los 50 años, y hacia los 80 años se convierte en imposible para algunas personas.
Tener dificultad al tratar de abrir frascos que ofrezcan una importante resistencia. 

BENEFICIOS DEL ENTRENAMIENTO DE MUSCULACIÓN

Mejora la cantidad de sales de calcio en los huesos (combate y/o previene la osteoporosis).
Las actividades cotidianas (llevar bolsas, subir al colectivo, correr muebles, usar las escaleras, etc.) se ven facilitadas.
Disminuye notablemente el riesgo de caídas.
Aumenta la energía y la vitalidad.
Fortalece la autoestima, porque da más autonomía. 

EJEMPLO DE RUTINA PARA UN ADULTO MAYOR

Frecuencia: 3 a 4 veces por semana.
Entrada en calor: aproximadamente 10 minutos de marcha aeróbica (caminata rápida) o de bicicleta.
Caminata con obstáculos bajos (10 cm) en un trayecto de 5 metros.
Un ejercicio por grupo muscular.
Secuencias o series: 3 series por ejercicio.
Repeticiones: 12 a 20 veces por serie.
Elongar entre series (15/20 segundos) y al terminar la sesión (30/60 segundos).
Ir progresivamente con los pesos.
No buscar el dolor.