Granada, (EFE).- Investigadores del Instituto de Parasitología y Biomedicina López Neyra del CSIC y del Instituto Universitario de Investigación de Biopatología y Medicina Regenerativa (IBIMER) de la Universidad de Granada han descubierto que la inhibición del gen parp-1 detiene el crecimiento del cáncer.

Esta proteína, que interviene en la reparación de las lesiones del ADN, se relaciona con el desarrollo del cáncer, según informó la web "Andalucía Investiga", que recoge las investigaciones más destacadas de las universidades y organismos científicos públicos andaluces. Mediante este trabajo de colaboración científica, los expertos han descubierto que la inactivación del gen parp-1, es decir, su ausencia o inhibición, retarda el crecimiento del carcinoma experimental. El cáncer se define como el crecimiento descontrolado de células que proceden de tejidos normales y que han sufrido mutaciones genéticas. Afecta cada año a decenas de miles de personas y puede causar la muerte cuando estas células impiden el funcionamiento normal de los órganos vitales afectados o se diseminan por todo el cuerpo y dañan otros sistemas esenciales. Los expertos han utilizado un modelo de carcinogénesis experimental, es decir, han provocado cáncer en ratones de experimentación normales y en otros deficientes. Tras múltiples análisis, han descubierto que la ausencia o inhibición de la proteína parp-1 disminuye la velocidad con la que se originan los tumores cancerosos, ya que evita la presencia de inflamación que contribuye a la proliferación de células del tumor. Además, la falta de expresión del gen dificulta el proceso de angiogénesis, por el que se crean nuevos vasos sanguíneos que permiten que las células tumorales sobrevivan nutriéndose del organismo que las hospedan. La novedad de este descubrimiento estriba en la posibilidad de diseñar nuevas estrategias que inhiban la proteína parp-1, para detener la progresión del cáncer. El siguiente paso consiste en comprobar la eficacia de los inhibidores en el tratamiento de procesos cancerosos implantados en modelos de experimentación. Hasta ahora, los expertos han utilizado fármacos moleculares para llevar a cabo este proceso de retardo. "La idea es buscar estrategias terapéuticas más eficaces para que refuercen la acción de los agentes antitumorales y disminuyan las dosis de radiación o quimioterapia administradas, para hacer mínimos los efectos secundarios", explicó uno de los responsables de la investigación, José Mariano Ruiz de Almodóvar. EFE