La noción de estar enfadado con Dios procede de
tiempos ancestrales y es algo común en creyentes y no creyentes,
según sugiere un estudio de la Universidad de la Reserva Case Western
en Estados Unidos que se publica en la revista ‘Journal of
Personality and Social Psychology’..
Según explica Julie Exline, directora del estudio, «muchas
personas experimentan ira hacia Dios, incluso las personas que lo
aman profundamente y respetan a Dios se enfadan con él. De igual
forma que las personas se enfadan con otras personas, incluyendo a
quienes aman, pueden también enfadarse con Dios».

Exline ha estudiado la ira hacia Dios durante la pasada década
realizando estudios con cientos de personas, incluyendo a
estudiantes, supervivientes de cáncer y miembros de familias en
duelo.

La ira hacia Dios coincide con muertes, enfermedades, accidentes o
desastres naturales. Aunque la ira no se limita a las situaciones
traumáticas y puede aparecer también cuando las personas sienten
desilusiones, fallos o problemas interpersonales. Algunas personas
ven a Dios como responsable de tales episodios y se enfadan cuando
consideran las intenciones divinas como crueles o desinteresadas.
Exline señala que las personas pueden llegar a pensar que son
abandonados, traicionados o maltratados por Dios.

Exline señala que puede ser difícil para las personas reconocer su
ira hacia Dios. Muchas personas se averg

enzan y no quieren admitir
sus sentimientos. En particular, las personas que son muy religiosas
podrían creer que deben centrarse sólo en el lado positivo de la vida
religiosa.

«Pero la religión y la espiritualidad son como otros dominios de
la vida, como el trabajo y las relaciones. Traen importantes
beneficios pero pueden traer también dificultades. La ira a Dios es
una de estas dificultades», añade Exline.

Según los descubrimientos de la investigadora, protestantes,
afroamericanos y personas mayores tienden a informar de menos ira
hacia Dios; las personas que no creen en Dios podrían aún así
albergar este enfado y esta ira provoca un mayor malestar cuando es
frecuente, intensa o crónica. Superar la ira a Dios, explica la
investigadora, podría requerir de algunos pasos necesarios para
resolver otros enfados.

«Las personas podrían beneficiarse de reflexionar más sobre la
situación y cómo ven el papel de Dios en ella. Por ejemplo, podrían
enfadarse menos si deciden que Dios en realidad no es el responsable
de lo que les ha molestado o si pueden ver cómo Dios trae algún
sentido o beneficio a la situación dolorosa», añade Exline.

Las personas que sienten ira hacia Dios también necesitan
reafirmarse al pensar que no están solos. Muchos individuos
experimentan tales dudas, añade la investigadora, que sugiere que las
personas intentan ser abiertas y honestas con Dios sobre su enfado,
en vez de esconderlo o tratar de camuflar sus sentimientos
negativos.