Washington, (EFE).- Las transfusiones de sangre podrían ser perjudiciales para muchos pacientes, porque la sangre donada pierde un gas que permite la transferencia de oxígeno a los tejidos, según dos estudios divulgados hoy. "Millones de pacientes reciben transfusiones con sangre, cuya capacidad de llevar oxígeno está comprometida", señalaron los investigadores del Centro Médico de la Universidad de Duke, que publicaron los estudios en la revista Proceedings of the Natural Academy of Sciences.

"La sangre puede salvar una vida, pero no ayuda de la forma que esperábamos y en muchos casos puede ser perjudicial", dijo Jonathan Stamler, el investigador jefe de uno de los estudios. La clave está en el óxido nítrico, un componente de la sangre, que dilata los vasos sanguíneos abiertos y así permite la transferencia de oxígeno de los glóbulos rojos a los tejidos. Los estudios demuestran que este gas comienza a descomponerse casi inmediatamente después de que la sangre se extrae del cuerpo del donante. "Nos sorprendió la velocidad con la que la sangre cambia. Vimos señales claras de la disminución del óxido nítrico en las primeras tres horas", afirmó Timothy McMahon, quien dirigió un estudio que analizó durante intervalos regulares la composición química de la sangre donada. Sin óxido nítrico, los vasos capilares no se dilatan, los glóbulos rojos se acumulan en las arterias y los tejidos no reciben oxígeno, según Stamler, cuyo estudio describe por primera vez la función de ese gas. "El resultado puede ser un ataque al corazón e, incluso, la muerte", alertó ese médico. En los últimos cinco años, numerosos estudios han demostrado que las personas que reciben transfusiones sanguíneas tienen más probabilidad de sufrir un derrame cerebral o un ataque o fallo cardíaco, y de morir. Además de abrir los vasos, el óxido nítrico da flexibilidad a los glóbulos rojos. A medida que su nivel cae, esas células se endurecen, lo que hace más difícil que se deformen para pasar por los minúsculos vasos capilares, según los expertos de Duke. En un experimento para intentar revertir el problema, Stamler y su equipo añadieron óxido nítrico a la sangre inyectada en perros, lo que aumentó el flujo sanguíneo que llegaba al corazón de los animales. "Esto apunta a que añadir óxido nítrico a la sangre humana podría, en teoría, mejorar su capacidad para dilatar los vasos sanguíneos y, con ello, prevenir los ataques al corazón e incluso la muerte", declaró Stamler. En todo caso, los científicos recomendaron que se realicen pruebas clínicas a gran escala con seres humanos para probarlo. "No hay duda de que las transfusiones de sangre pueden ser perjudiciales", señaló Stamler. "De lo que sí hay dudas, es de la gravedad del problema", agregó. En Estados Unidos, 4,8 millones de personas requieren de transfusiones cada año, las cuales reciben 14 millones de unidades de glóbulos rojos. La sangre donada se guarda por un período máximo de 42 días, después de lo cual se destruye. EFE