Madrid.- La osteoporosis es la enfermedad crónica más prevalente en todo el mundo y sólo en nuestro país la sufren más de tres millones de personas, de las cuales 2,5 millones son mujeres. Según el profesor Javier Ferrer, presidente de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) y moderador del Symposium Papel del ginecólogo en el manejo de la osteoporosis, “hay que insistir en que la mujer debe cuidar sus huesos antes de la llegada de la menopausia, aunque es con la llegada de la misma cuando se produce en la mujer una mayor pérdida de masa ósea, lo que hace que más de la mitad de las mujeres españolas padecerá osteoporosis posmenopáusica y cuatro de cada diez mujeres mayores de 50 años pueda sufrir una fractura ósea como consecuencia de la osteoporosis”.

Durante el Symposium, que ha tenido lugar este sábado en Oporto en el marco del Congreso ECCEO (Congreso Europeo sobre los Aspectos Clínicos y Económicos de la Osteoporosis y la Artrosis) y al que han asistido especialistas relacionados con la salud de la mujer, se han revisado las incidencias del diagnóstico y tratamiento de la osteoporosis y se ha analizado, asimismo, el valor de los nuevos tratamientos farmacológicos, tanto para su tratamiento como para su prevención, fundamental en las nuevas estrategias terapéuticas con las que contamos hoy en día. Además, señala el profesor Ferrer, “se ha hecho hincapié en el hecho de que es muy positivo que los ginecólogos estemos tomando, cada vez más, conciencia del papel que tenemos en el cuidado de la mujer”. El aumento de la esperanza de vida de la población femenina y el hecho de que la misma se involucre cada vez más en las decisiones médicas relacionadas con su bienestar y calidad de vida, hace, en palabras del presidente de la AEEM, que el ginecólogo sea, cada vez más, el médico de familia de la mujer, sobre todo en la madurez. En el caso de la osteoporosis, una enfermedad grave, crónica y progresiva, pero silenciosa por la carencia de síntomas, el empeoramiento de la calidad de vida de las pacientes que padecen una fractura ósea por osteoporosis, así como la importante demanda de atención sanitaria que aumenta cada vez más debido al envejecimiento de la población, hacen necesario que sea considerada como un problema sanitario de primer orden. La fractura osteoporótica más tardía es la de cadera, siendo más frecuente a partir de los 70 años. 1 de cada 3 mujeres con más de 80 años sufrirá una fractura de cadera, que tiene un índice muy alto de mortalidad, de forma que el 24% de las personas que han padecido una fractura de cadera muere durante el año después y sólo la mitad conserva la misma capacidad de marcha que antes. A este respecto, el profesor Ferrer señala que “el resto deben ser ayudadas e internadas en centros de asistencia, lo que influye también en el entorno familiar y en el social, puesto que tanto las intervenciones quirúrgicas por fracturas como la asistencia y rehabilitación comportan un costo sociosanitario muy importante”. Prevenir en todas las etapas de la vida de la mujer Aunque hay factores de riesgo sobre los que no se puede intervenir, como la edad, ser mujer, los antecedentes familiares o ser de raza blanca, sí existen medidas para prevenir la enfermedad (adoptar una dieta rica en calcio y vitamina D, realizar ejercicio físico, no fumar, etc.) y que se deben mantener durante toda la vida. “Quizá más importante que conocer las medidas preventivas, resulte el saber que éstas pueden y deben realizarse a lo largo de toda la vida de la mujer”, explica el presidente de la AEEM. “Así, incluso antes de que la niña haya nacido, el hecho de que la madre tenga una buena alimentación y control de su embarazo tendrá una repercusión positiva sobre la salud ósea de la niña”. La infancia y la adolescencia son momentos claves para la salud de los huesos, ya que es el periodo en el que se establece la masa ósea, es decir el “capital de hueso” con el que se cuenta. “En este momento, la adecuada ingesta de calcio a través de la leche y derivados lácteos, así como la práctica regular de ejercicio, preferiblemente al aire libre para que la luz solar permita la síntesis de Vitamina D, son recomendaciones básicas”, afirma el profesor Ferrer. Si continuamos la vida evolutiva de la mujer, el pico de masa ósea se alcanza en los primeros años de la vida fértil y se mantiene hasta cerca de los cuarenta años. Como explica el profesor Ferrer “en este periodo es importante seguir aportando una adecuada cantidad de calcio, realizar ejercicio y evitar sustancias que dañan la salud ósea, como el tabaco y el alcohol. Estas medidas deben mantenerse e, incluso incrementarse, en la perimenopausia y posmenopausia, periodos en los que se acentúa la pérdida de masa ósea”. No obstante, este experto alude a un cambio en el concepto del riesgo de osteoporosis, en el que, además de la baja densidad ósea, se tengan en cuenta otros factores que aceleren la aparición de una fractura osteoporótica. “Se trata de un proyecto en marcha de la Organización Mundial de Salud, por el que podremos calcular el porcentaje de riesgo que tiene una mujer de sufrir un fractura ósea en los próximos 10 años”. Mejorar la adherencia al tratamiento El hecho de que el tratamiento para la osteoporosis sea de larga duración para ser eficaz y de que la patología no produzca síntomas hasta que se produce una fractura ósea, es la principal causa de la falta del cumplimiento de la terapia por parte de las pacientes. Según el presidente de la AEEM, “si la mujer no tiene un conocimiento real de la enfermedad y de las ventajas que implica realizar el tratamiento, lo puede abandonar. Así, una educación sanitaria efectiva y consejos estratégicos incrementarían la continuidad en el tratamiento, lo que supondría una disminución de las fracturas óseas por osteoporosis, así como de la tasa de dependencia funcional en las mujeres mayores”. En este sentido, el profesor Ferrer hace hincapié en la necesidad de campañas de concienciación, prevención y fidelización del tratamiento: “a ello ayudará la eficacia y seguridad de los nuevos fármacos, así como las pautas semanales y el nuevo tratamiento mensual, ya que el espaciamiento de las dosis ayudará a paliar la falta de adherencia terapéutica”. Por tanto, la relación del ginecólogo con la paciente reviste una importancia especial a la hora no sólo de prevenir, sino también de fomentar el cumplimiento del tratamiento. “Es esencial poder dedicar unos minutos a explicar a la paciente la patología que padece y lo que se pretende con el tratamiento ya que al tratar la osteoporosis también se está previniendo la fractura”, concluye el profesor Ferrer.