Científicos norteamericanos crean un programa informático que detecta con un 96% de aciertos las mentiras

Los mentirosos compulsivos deberán andarse con más ojo a partir de ahora. Y es que científicos del Instituto Salk, de San Diego (EEUU) han han desarrollado un programa de ordenador que capta -de forma casi infalible- todo sentimiento de miedo, irritación, susto o sonrisa fingida en los rostros más impasibles. Es decir, una prodigiosa máquina de la verdad.
Este nuevo programa informático permite interpretar con todo detalle los gestos y expresiones en el rostro de las personas, y podría sustituir a los actuales detectores de mentiras, ya que es tan eficaz que es capaz de desenmascarar incluso a los mejores mentirosos, según afirman sus creadores en la revista americana "Psychophysiology".
El ordenador, por ejemplo, se puede programar para poder reconocer una variada gama de sonrisas y risas "de verdad" y un total de 46 movimientos y gestos de la cara. También incluye un buen número de "microexpresiones", es decir, aquellas que son tan leves que pueden pasar desapercibidas al ojo experimentado.
El sistema controla también las redes neuronales del cerebro de la persona sometida al examen. Gracias al control de los gestos y al sistema de vigilancia de las alteraciones neuronales, en un 96% de los casos se sabe con seguridad total si la persona analizada miente o dice la verdad.

Mentiras patológicas… El síndrome de Pinocho"
Por: Ricardo Goncebat Fecha: 11/16/02 Edicion: 46
En nuestra edición anterior mencionamos las razones para mentir de forma compulsiva así como las mil caras del embuste y si es normal o patológico el mentir. Hoy concluímos con este interesante tema:

Mentir se vuelve patológico cuando la comunicación por medio de la mentira llega a formar parte de los hábitos personales y se utiliza dentro de una falsa normalidad, y además la persona miente sobre cosas que podrían ser fácilmente verificadas y en las cuales decir una falsedad parece no tener una motivación obvia. La mentira también se vuelve enfermiza, cuando a diferencia del falseador que elige entre decir o no la verdad y decide ocultarla y contar una versión diferente, el mentiroso no puede controlar su conducta, aunque sea consciente de su incapacidad para comunicarse con sinceridad.

LAS CONSECUENCIAS DE "MENTIR A DESTAJO".

Los mentirosos patológicos sufren remordimientos (algunos mentirosos, el sentimiento de culpa les pesa tanto que cometen errores para ser "cazados"), también padecen un creciente rechazo: el engaño termina por deteriorar la credibilidad, clave para las relaciones con los demás, y para continuar sosteniendo su postura, siguen cometiendo errores, siendo descubiertos y generando rechazo.

El mentiroso nunca llega a saber como es en realidad, y por tanto, son muchas las facetas de su personalidad que deja "sin estrenar". Empieza a mentir para sentirse mejor, pero acaba inmerso en un mundo imaginario, del que sólo podrá salir con ayuda psicológica.

RECHAZOS QUE MARCAN
Según algunos psicólogos, la familia es la escuela donde aprendemos a mentir: si en la infancia nos hemos sentido incomprendidos o rechazados por nuestros padres, rápidamente aprendemos a no decir la verdad para adaptarnos a lo que suponemos que ellos quieren. Si de niño se ha mentido por norma, cabe el riesgo de que la mentira se asocie a una conducta habitual, y quede grabada formando parte del patrón de comportamiento adulto. ¿Como cazar a un mentiroso?… Existen nu-merosos indicios delatores de los mentirosos, tanto en sus palabras y actitud, como en el lenguaje no verbal de su cuerpo.

Por ejemplo, cuando se finge, los gestos no son acordes a las palabras (en un enfado verdadero los gestos aparecen antes de hablar, en uno fingido, después) o son menos frecuentes o duran demasiado (el mentiroso teme que lo delaten sus movimientos nerviosos y los controla en exceso) o exagerados (no están acorde a la intensidad de los hechos narrados, y son deliberados).

Además, al mentir se dejan vacíos en lo que se dice (se está inventando en lugar de recordar, lo que lleva más tiempo), se pone énfasis en las vocales (como que se habla más despacio, la persona se detiene de forma natural en los fonemas más fáciles). A veces ocurre a la inversa: se tiende a emplear un tono de voz más elevado y agudo, y a hablar más de prisa, por el nerviosismo. En realidad una serie de cambios producidos por el sistema nervioso y que no pueden dominarse conscientemente, pueden delatar a alguien cuando miente: la ruborización, la palidez extrema, la transpiración copiosa, los temblores y las pupilas dilatadas.

Debido a su turbación emocional, al mentir algunas personas experimentan movimientos característicos en su rostro: sonrisas asimétricas (sólo intervienen los músculos de la boca, pero no los demás), elevación de cejas (los músculos de la frente hace que adopten forma de V invertida) o lagrimeo excesivo. Los gestos repetitivos (tocarse la nariz o la boca, toser o tirarse del cuello de la camisa, con frecuencia, durante la conversación) son pequeñas "válvulas de escape" para la tensión que produce mentir.

Si se descubre a un fabulador entre los familiares o amigos, los expertos sugieren no condenarlo (el primer engañado es el mentiroso), castigarlo (actúa así porque no puede o sabe afrontar los problemas de otro modo) ni desenmascarlo (la humillación es contraproducente). Lo mejor es intentar hacerle ver que su vida funcionaría mejor sin el engaño y que quizá no pueda salir solo del problema y necesite ayuda psicológica. EFE