Los días soleados permiten llevar a cabo numerosas actividades deportivas y recreativas al aire libre y proporcionan efectos terapéuticos (para las personas con artrosis, artritis y determinadas enfermedades cutáneas) así como beneficios psicológicos. Por desgracia, pasar demasiado tiempo al sol sin una protección adecuada es peligroso.

¿Bronceado seguro?

Los días soleados permiten llevar a cabo numerosas actividades deportivas y recreativas al aire libre y proporcionan efectos terapéuticos (para las personas con artrosis, artritis y determinadas enfermedades cutáneas) así como beneficios psicológicos. Por desgracia, pasar demasiado tiempo al sol sin una protección adecuada es peligroso. 

La exposición excesiva al sol produce un efecto inmediato perjudicial (la quemadura solar) y por un efecto acumulativo al cabo de los años da lugar a los cambios degenerativos característicos del fotoenvejecimiento, aumenta la incidencia de cáncer cutáneo y puede llegar a provocar la muerte.

Los rayos ultravioleta del sol, que representan tan sólo un 6% de la radiación solar que llega a la superficie de la Tierra, y son filtrados en gran medida por el oxígeno (UVC) y el ozono atmosférico (UVB) son los causantes tanto del bronceado (que en realidad representa un mecanismo de defensa) como de las quemaduras solares, el fotoenvejecimiento y el cáncer cutáneo.

Desde el punto de vista dermatológico el sol tiene una serie de efectos que es conveniente tener en cuenta.

Quemadura solar aguda 

Se produce cuando una persona se expone al sol durante un tiempo superior al que es capaz de tolerar, y que depende del tipo de piel (fototipo) y del grado de pigmentación aquirida previamente.

Bronceado 

El bronceado es una respuesta a la lesión de las células de la epidermis, y un intento de protegerlas de la luz ultravioleta.

Fotoenvejecimiento 

Las personas que se exponen al sol de forma continuada o intermitente durante años y sin una protección adecuada, sufren unos cambios degenerativos en la piel que le confiere un aspecto envejecido. La exposición crónica, que habitualmente se inicia en la infancia, da lugar a cambios en la textura de la piel, que se manifiesta como un exceso de arrugas y engrosamiento o adelgazamiento de la dermis. Al cabo de años de exposición excesiva los rayos ultravioleta disminuyen la elasticidad de la piel y producen arrugas profundas y flacidez cutánea, especialmente en la cara, o un engrosamiento con surcos marcados, sobre todo en la región de la nuca, o bien trastornos de la pigmentación de la piel (aparecen manchas, especialmente en las manos). 

Cáncer cutáneo 

La gran mayoría de cánceres cutáneos aparecen en partes del cuerpo expuestas a la radiación solar, tales como la cara, el cuello, las orejas, los antebrazos y las manos. Los tres tipos principales de cáncer cutáneo son el carcinoma basocelular, el carcinoma escamoso y el melanoma.

El carcinoma basocelular por lo general aparece en personas de piel y cabellos claros, que se queman con facilidad y que no se broncean.

El carcinoma escamoso habitualmente se inicia como una mancha o nódulo rojizo y descamativo y típicamente se desarrolla en la cara, las orejas, los labios y la boca en personas de piel clara.

El melanoma es la forma más peligrosa de cáncer cutáneo y por lo general se manifiesta en forma de una mancha de nueva aparición (o cambio en un lunar preexistente) de color marrón oscuro con bordes irregulares, que en ocasiones puede adquirir tonalidades rojizas, azules y blanquecinas. Las localizaciones más frecuentes son la porción superior de la espalda en los hombres y mujeres y el tórax y las piernas en las mujeres. Es la forma más agresiva de cáncer cutáneo, y requiere un diagnóstico y un tratamiento quirúrgico precoz. Las personas de piel clara con más de 50 lunares, en especial cuando tienen un aspecto irregular, que han sufrido quemaduras solares en la infancia o que pertenecen a una familia con antecedentes de melanoma presentan un mayor riesgo de desarrollar un melanoma. Los signos de alarma que deben motivar una consulta urgente al dermatólogo son:

– existencia de lesiones asimétricas

– de rebordes o coloración irregular

– de más de 5 mm de diámetro o sobreelevadas, en especial cuando han sufrido cualquier tipo de cambio reciente o progresivo, y con mayor motivo si pican, sangran o se han ulcerado. 

Fotosensibilidad

Algunas personas desarrollan reacciones de fotosensibilidad después de exposiciones cortas al sol que normalmente no producirían ningún tipo de reacción. Pueden aparecer quemaduras o pápulas, habones o manchas rojizas y que pican que aparecen predominantemente en zonas expuestas a la luz solar.

Fototipo

El hecho de que una persona se queme o se broncee depende de varios factores, entre los que se incluyen el tipo de piel, la estación del año y la cantidad de irradiación ultravioleta a la que han estado sometidos previamente. La susceptibilidad cutánea a la quemadura solar se ha clasificado siguiendo una escala de 5 puntos:

Tipo I (extremadamente sensible), siempre se quema, nunca se broncea.

Tipo II (muy sensible), se quema con facilidad, se broncea mínimamente.

Tipo III (sensible), se quema moderadamente, se broncea gradualmente y de forma no muy intensa.

Tipo IV (mínimamente sensible), se quema raramente y se broncea bien y de forma intensa.

Tipo V (no sensible), nunca se quema.

Prevención

Para prevenir las quemaduras solares debe evitarse la exposición durante las horas de máxima irradiación solar, deben emplearse vestidos y sombreros frescos pero de colores oscuros y tejidos tupidos, y se deben utilizar filtros solares físicos o químicos.

Empleando filtros de factor de protección solar (SPF) igual o superior a 15, en condiciones ideales se puede bloquear más de un 95% de la radiación ultravioleta (UVB) que incide sobre la piel.

Las personas con piel clara que se queman con facilidad y se broncean poco (tipo I y II) deben emplear un producto con un factor de protección solar de 15 ó superior. Las personas menos sensibles, que ya presentan cierto grado de bronceado, pueden utilizar filtros solares de número inferiores (8-15) cuando se expongan al sol. En las personas con reacciones de fotosensibilidad o dermatosis sensibles a la luz ultravioleta deben prescribirse filtros solares con efecto "pantalla total" (bloqueo de la radiación UVA y UVB), con SPF para UVB superiores a 30. También debe insistirse en la fotoprotección en aquellas personas con antecedentes de cáncer cutáneo, puesto que la radiación ultravioleta favorece la progresión y desarrollo de otros cánceres.

Aunque la mayoría de formulaciones de filtros solares que se encuentran actualmente en el mercado son relativamente resistentes al sudor y el baño (lo que se conoce como sustantividad o persistencia), deben aplicarse repetidamente durante las horas de máxima intensidad de radiación solar o después del baño. Para prevenir la producción de un bronceado "a rayas" el filtro solar debe extenderse por las áreas expuestas de forma uniforme y en capa fina, hasta la completa absorción del preparado.Las personas que van a estar expuestas de forma intensa a la luz solar (vacaciones tropicales, deportes náuticos, escalada) o que presentan una elevada sensibilidad a la misma deben utilizar filtros físicos opacos (conteniendo óxido de zinc o dióxido de titanio). La selección del filtro solar debe basarse en el tipo de piel, la estación del año, la residencia y el tipo de actividades al aire libre pevistas, pero siempre deben emplearse productos con un factor de protección solar mayor o igual de 15, al menos durante las primeras exposiciones al sol. En las zonas más expuestas y vulnerables a la luz solar, como el dorso de la nariz y los labios (donde la exposición al sol puede desencadenar brotes de herpes simple) deben emplearse filtros solares con la máxima protección posible, ya sean de tipo físico o químico.

Consejos

– La forma más segura de broncearse es hacerlo gradualmente de forma natural empleando un filtro solar adecuado con un factor de protección 15 ósuperior.

– Para conseguir una máxima eficacia, el fotoprotector debe aplicarse una media hora antes de exponerse al sol, para que pueda penetrar en la epidermis ejerciendo un máximo efecto fotoprotector.

– La exposición gradual al sol permite una producción óptima de melanina, el pigmento natural que protege contra la quemadura solar. La exposición gradual también permite que se produzca un engrosamiento de la epidermis que a su vez tiene un efecto fotoprotector.

– Los niños deben protegerse de los rayos del sol durante la infancia, puesto que la exposición más dañina a la luz solar, y la que se correlaciona más intensamente con el riesgo de melanoma, se produce antes de los 20 años; de toda la radiación ultravioleta que recibe una persona a lo largo de la vida, el 80% corresponde precisamente a estas dos primeras décadas de la vida, que son las más vulnerables por lo que respecta al futuro desarrollo de cáncer cutáneo, y en especial de melanoma.