El Diabético en navidad podrá comer de modo igual -o casi igual- a como lo hace el resto de la familia, aunque siempre adecuándolo a "nuestro azúcar". Existen muchas combinaciones, siempre que las cantidades de hidratos de carbono sean las que nos convengan. No es difícil.
El buen control de la glucemia es importante. Pero no es lo único a valorar. Si existe hipertensión arterial, deberá moderarse y mucho el consumo de sal. Si existe exceso de peso, nos cuidaremos de no aumentar demasiado el consumo de alimentos grasos, como aceite, mahonesa, salsas, grasa visible de las carnes y embutidos. Y si bien algunos pequeños excesos pueden ser, aparte de muy agradables, inofensivos para la salud y el buen control metabólico, cuidaremos también de no sufrir indigestiones.

Comidas especiales para las fiestas navideñas

Las comidas especiales de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Reyes, se merecen algunos comentarios. Las personas con diabetes también podrán tener sus platos tradicionales, diríamos que fuera de lo corriente, aproximadamente igual que el resto de la familia, siempre que tengan presente algunos principios.
Si se medica con insulina o con comprimidos hipoglicemiantes (o sea, que hacen descender la glucemia a través de aumentar la cantidad de insulina que fabrica el páncreas) deberá respetar la cantidad de hidratos de carbono en estas comidas extraordinarias. Pero, a cambio, podrá tomar con cierta libertad los alimentos a base de proteínas y grasas. Son las carnes, pescados, marisco, jamón, embutidos.
Así, por ejemplo, se podrá tomar un aperitivo a base de almejas, berberechos, gambas, algunos tacos de queso tipo manchego, y beber un jerez seco (si tiene autorización de su especialista para ingerir alguna bebida alcohólica). Desconfíe de los vermuts sin alcohol, ya que suelen ser altos en azúcares. Los refrescos de cola del tipo light, no llevan azúcar, por lo que se pueden utilizar. En todos estos ejemplos, se supone una razonable moderación. Para las comidas o las cenas, no existe ningún inconveniente en empezar con un plato de pescado (o marisco) y seguir con otro de algún tipo de carne (pavo, pollo, cordero, ternera, cerdo). Eso sí, deberían evitarse los rebozados y las salsas de dudosa composición (pueden tener harina y azúcar). Tampoco se debe comer hasta la saciedad, por supuesto. Los hidratos de carbono necesarios en esta comida, se contabilizarán entre el pan, las patatas y la pasta, si se empieza con un caldo especial que la contenga. 

¿Y LAS BEBIDAS ALCOHOLICAS?

Dando por supuesto que lo tenga autorizado por su médico, se puede elegir un vino tinto seco y también un espumoso como marca la tradición navideña, siempre que sea de la variedad sin azúcar añadido ( “brut” o “brut nature”). Se tomarán cantidades moderadas, tanto para evitar la intoxicación etílica como para no crear confusiones con hipoglucemias. Y siempre se beberá después del primer plato, nunca en ayunas, para evitar el paso rápido del alcohol a la sangre. Un estudio realizado por la Dra. Rosa Lamuela-Raventós de la Universidad de Barcelona y por el Dr. Edwin N. Frankel de la Universidad de California afirma que el espumoso elaborado de la forma tradicional demuestra tener efectos beneficiosos sobre la salud. Este estudio fue publicado en la revista americana Journal of Agricultural and Food Chemistry. Este estudio basa sus conclusiones en los compuestos fenólicos que contienen los espumosos. El espumoso actúa como inhibidor en la oxidación de las lipoproteínas de baja densidad (LPD). Curiosamente el cava elaborado con el cupage de las tres variedades tradicionales de uva: Macabeo, Xarel•lo y Parellada.
Además de todo lo que concluye el estudio anteriormente mencionado, podemos añadir un dato, como puede ser el nivel de azúcares residuales que contiene un espumoso en su estado más puro (antes del descorche de la botella). Este nivel de azúcar residual puede situarse entre 1 g/L y 3 g/L, lo cual permite decir que, con la evidente moderación en su consumo, estamos ante un producto apto para el consumo de todos. Según el Consejo Regulador del Cava el nivel de azúcares residuales después del descorche, y por tanto de la adición o no de licores de expedición, los cavas se clasifican según las siguientes denominaciones: Brut Nature 0-3 g/L, Extra Brut 0-6 g/L, Brut 0-15 g/L, Extra seco 12-20 g/L, Seco 17-35 g/L, Semi-seco 33-50 g/L y Dulce +50 g/L. Teniendo en cuenta que el Brut Nature es sólo válido para los espumosos a los que no se les añade licor de expedición después del descorche, éste es sin duda el tipo de cava más indicado para las personas afectadas por la enfermedad de la diabetes.
Con todo, podemos observar que la elección de un cava Brut Nature puede llegar a ser una opción saludable para un consumo moderado del llamado “vino de estrellas”, que permite ser degustado en cualquier ocasión, bien como aperitivo, bien durante las comidas. 

DULCES Y TURRONES

Como muy bien saben las personas diabéticas, los pasteles y dulces en general están desaconsejados por su elevado contenido en azúcar (sacarosa, en concreto) además del almidón de la masa con que muchos de ellos están confeccionados. Pero como sea que existen unas variedades de turrones, mazapanes, galletas, chocolates sin azúcar, ¿qué consejo puede darse sobre su consumo?

Los turrones especiales, por ejemplo, no contienen azúcar, pero sí cierta cantidad de hidratos de carbono que provienen de las almendras y de la fécula que ha servido para formar la masa. Están edulcorados con sorbitol (que no influye en la glucemia), o con fructosa (que sí sube la glucemia, pero menos que el azúcar). Si en ellos hubiera sacarina o aspartamo, ya es bien sabido que no influyen en absoluto.
Pues bien, lo que conviene hacer es leer atentamente la composición, valorar los hidratos de carbono en 100 gramos, y efectuar una sustitución por una cantidad de pan o de otro farináceo. No debe, pues, tomarse libremente, a no ser una pequeña porción. Tradicionalmente en la etiqueta o el envase de algunos de estos dulces, no existe suficiente información para este cálculo, por lo que en este caso deberían desecharse.
Así pues, con información y buen criterio, el diabético podrá disfrutar de la buena mesa tradicional sin peligro de descompensación metabólica. Y en caso contrario, se analizará en casa la glucemia más a menudo, para tranquilidad o para inyectarse una pequeña dosis extra de insulina, siempre de acuerdo con las instrucciones que le han dado los componentes de su equipo asistencial.