La demencia no es una entidad perfectamente diferenciada, sino un continuo juicio clínico y funcional entre los individuos normales de edad avanzada, los sujetos con un deterioro leve y los sujetos con criterios clínicos de demencia.

La demencia no es una entidad perfectamente diferenciada, sino un continuo juicio clínico y funcional entre los individuos normales de edad avanzada, los sujetos con un deterioro leve y los sujetos con criterios clínicos de demencia.

Desde los momentos iniciales del deterioro cognitivo hasta llegar a la demencia existe, independientemente de sus posibles causas, un amplio segmento de situaciones difíciles de diferenciar entre sí, y de la demencia en sus fases iniciales. Se han realizado numerosas descripciones y definiciones intentando categorizar determinadas formas de pérdida que pueden crear cierta confusión, tanto por sus similares características como por sus denominaciones. En lo esencial se trata de diferenciar un grupo de personas con pérdidas de memoria o cognitivas que estarían de acuerdo con su edad, de otras con pérdidas también leves, que pueden desarrollar demencia en el espacio de meses o años. Su importancia radica en que es en estos momentos en los que cualquier medida preventiva, terapéutica y de orientación familiar puede tener más impacto.
 
Trastornos selectivos de la memoria relacionados con el envejecimiento
Según avanza la edad, y debido a múltiples causas (la misma edad, nivel cultural, diabetes, hipertensión, depresión, disminución de la agudeza visual y auditiva, consumo de determinados tóxicos o fármacos, etc.), aumenta progresivamente el número de ancianos que presentan un rendimiento global bajo de las funciones cognitivas o aisladamente de la memoria, el cual interfiere poco en su vida cotidiana y no cumple los criterios de demencia. La conciencia personal de estos fallos, los cambios culturales y la mayor atención de los ancianos a sus problemas de salud hacen que las consultas realizadas sean muy frecuentes, especialmente en Atención Primaria. Posiblemente los más extendidos son:

Olvido benigno del anciano: en 1962 Kral fue el primero en diferenciar un grupo de ancianos con rendimientos en los test de memoria próximos a los normales, pero con fallos de memoria "benignos", que son ligeros y estables, que no se acompañan de otros trastornos cognitivos y que mostraron una mortalidad y una evolución a demencia similar a los sujetos normales. Estos olvidos benignos los diferenció de otro grupo con defectos más acusados de memoria reciente y remota, con bajos rendimientos en las pruebas, que tenían una evolución "maligna" hacia la demencia y menor supervivencia.
Deterioro de la memoria asociada a la edad (DMAE): para Crook y su grupo (1986) las afectaciones de la memoria pueden alcanzar al 50 por ciento de las personas mayores de 65 años. El intento de caracterizar nosológicamente estas pérdidas de la memoria en personas mayores, sin evidencia de trastornos neurológicos, psíquicos o sistémicos asociados, les llevó a establecer unos criterios para la definición de lo que denominaron "alteración de memoria asociada a la edad". El cuadro corresponde a personas mayores de 50 años, con quejas de pérdida aislada de la memoria preferentemente a corto plazo, pero con normalidad en los test cognitivos y un seguimiento clínico sin evidencia de empeoramiento de los déficits ni interferencias en las actividades de la vida diaria. La pérdida de memoria es algo mayor que en el olvido benigno y debe ser superior a la desviación típica de lo esperado en adultos jóvenes.
Deterioro Cognitivo Leve: Petersen (1997) denomina así a las situaciones en que existen fallos de memoria referidas por el paciente o un familiar, con rendimiento cognitivo general normal medido con el MMSE o WAIS, y evidencia objetiva de defectos de memoria respecto a su grupo de edad y educación, pero sin defectos relevantes en las actividades instrumentales y sin demencia